El sexismo en el MWC: así ha evolucionado la feria de los móviles de Barcelona

Mwc 2017

Aunque cada vez somos más las mujeres que ocupamos puestos en el ámbito tecnológico, lo cierto es que el sector continúa siendo mayoritariamente masculino. Basta con dar un paseo por cualquier feria de tecnología para darnos cuenta de que la desigualdad de género es enorme, pero lo peor es cuando esa desigualdad va más allá de los números y se refleja en imágenes sexistas como las tristemente habituales azafatas ligeras de ropa que, como si de objetos de decoración se tratasen, pueblan los stands de algunos fabricantes.

Esto es justamente lo que hicimos durante la pasada edición del Mobile World Congress de Barcelona. Aprovechando nuestras últimas horas en la feria, decidimos recorrer los pabellones de Fira Gran Vía en busca de ejemplos que evidenciaran ese trasfondo sexista que tantas veces hemos visto en eventos de este tipo. En nuestro paseo tomamos fotos, hablamos con algunas azafatas y, sobre todo, comprobamos que las cosas están cambiando a mejor.

Un paseo por el MWC 2017

Antes de entrar en materia cabe destacar que la GSMA establece un código de conducta para los expositores que incluye un apartado específico acerca de la vestimenta. Es importante recalcar que estas normas no son nuevas de este año, pero quizás esta ha sido la edición en la que más hemos notado su aplicación. Esto es lo que dice la GSMA:

Se espera que todo el personal de los stands lleve vestimenta profesional o profesional – casual. Como regla general, los expositores deben asegurarse de que la vestimenta de todo el personal que se despliega en o alrededor de su stand (tanto empleados directos como subcontratados) se considera adecuado en un entorno profesional. En reconocimiento de las diversas culturas y nacionalidades presentes en el Mobile World Congress, los atuendos que revelen demasiado o sean sugerentes no están permitidos. Algunos ejemplos de ese tipo de atuendos incluyen, pero no se limitan a:

  • Tops que muestren demasiado escote.
  • Camisetas de tirantes, con cuello halter, camisetas interiores o tops sin tirantes.
  • Minifaldas o minivestidos.
  • Shorts.
  • Trajes ‘segunda piel’.

Estas indicaciones se aplican a todos los empleados del stand, sin importar el género, y se harán cumplir de manera estricta.

La GSMA se reserva el derecho a solicitar que el personal de la exposición cambie de vestimenta o abandone las instalaciones de inmediato si su apariencia es percibida como ofensiva por otros expositores o participantes.

Tras reponer fuerzas en la zona de prensa, nos dispusimos a recorrer los interminables pasillos de la feria y, para nuestra (grata) sorpresa, nos costó muchísimo encontrar stands en los que las azafatas llevaran ropa sugerente o excesivamente reveladora. Es más, la mayoría iban vestidas exactamente igual que sus compañeros.

Muchas marcas optan por un único uniforme para todo su personal, pero hay otras que distinguen la vestimenta de sus empleados según su género.

En muchos stands, las marcas optan por tener un único uniforme para todo su personal, sin hacer distinción de género. Generalmente suelen consistir en una camisa, polo o camiseta con el logotipo de la marca y pantalones largos. Hay casos en los que sí se distingue por género y las mujeres llevan falda o vestido, pero de nuevo la mayoría de casos eran prendas que cumplían las normas establecidas por la GSMA, aunque hubo excepciones

Mwc 2017 07 Los vestidos de las azafatas de Gionee

Un ejemplo de esta práctica fue la firma china Gionee, donde sus azafatas llevaban un vestido blanco mientras que ellos llevaban camisa y pantalón, pero no era el único atuendo que pudimos ver en su stand. Las azafatas que estaban en recepción llevaban un vestido dorado muy llamativo que, aunque largo y sin escote, parecía sacado directamente de un anuncio de una conocida marca de cava y no de un entorno de negocios como es el MWC.

Con todo, en Gionee fueron conservadores si los comparamos con otra conocida compañía china. Quienes llevamos unos cuantos años asistiendo sabemos que el stand de ZTE suele ser uno de los más propensos al uso de la mujer como reclamo y, aunque han bajado el tono de otros años, se resisten a abandonar esta práctica.

Mwc 2017 El uniforme de las azafatas de ZTE en el MWC 2017

Este año, ZTE vistió a sus azafatas con un vestido azul claro excesivamente corto que claramente no cumple con las normas impuestas. Sin embargo, no tenemos noticias de que la GSMA haya tomado medida alguna al respecto, por lo que eso de que “se harán cumplir las normas de manera estricta” es relativo.

Puede que se nos escapara algún otro ejemplo, pero estas fueron las imágenes más llamativas con las que nos topamos durante nuestro largo recorrido por la feria. Caminamos y caminamos y no encontramos escotes, faldas demasiado cortas, vestidos ultraceñidos ni tampoco taconazos de vértigo, algo que hace unos años era muy habitual y todavía lo sigue siendo en otros eventos tecnológicos.

Mwc 2017 El sexismo también está en la publicidad que hacen algunas marcas

¿Y qué opinan las propias azafatas? Por precaución hemos decidido mantener su anonimato pero, además de tomar fotos también quisimos conocer su experiencia en este tipo de eventos. En general, la mayoría coincide en que las cosas han mejorado mucho, aunque hubo alguna que otra queja.

Una de las más comentadas fue el frío. Como decíamos, hay marcas que sí distinguen entre la vestimenta de azafatas y azafatos y normalmente a ellas les suele tocar llevar vestidos que, aunque cumplen las normas, no son suficiente para combatir el aire acondicionado del evento. En algunos casos sí les permitían llevar algún tipo de chaqueta, pero había otros en los que no estaba permitido.

Las faldas cortas también fueron un problema para algunas de las azafatas con las que hablamos. Una de ellas nos confesó que el primer día se puso medias negras para no sentirse tan expuesta pero tuvo que cambiarse y llevar unas medias transparentes porque le llamaron la atención. Finalmente y tras varias quejas de ella y varias de sus compañeras, les permitieron llevar unos shorts bajo el vestido.

Algunas azafatas nos contaron que les suelen pedir fotos para acercarse a ellas o les incomodan con comentarios sobre su físico.

Otro problema al se enfrentan son los propios asistentes de la feria. No es raro que les pidan fotos para aprovechar y acercarse a ellas o que les incomoden con comentarios sobre su físico, en algunos casos con un tono bastante soez.

Como decíamos, a pesar de estas desafortunadas excepciones, este año nos costó bastante encontrar ejemplos sexistas y eso ya es un paso adelante. Pero las cosas no siempre han sido así.

El MWC de antes: bailes y cenas privadas

CBOSS El stand de CBOSS en el MWC 2012

Todavía recuerdo mi primer MWC como si fuera ayer. Fue en 2012, cuando el evento se celebraba en su antiguo emplazamiento en Plaza España. Durante aquella edición conocí a cantidad de colegas de profesión que hoy son amigas y amigos cercanos, subí muchísimas escaleras y aluciné con algunas de las novedades que se presentaron en la feria, como aquel Nokia 808 PureView de 41 megapíxeles. Pero también vi cosas que no me gustaron en absoluto.

La escena más sangrante fue sin duda la que se desarrolló en el stand de la compañía rusa CBOSS. Lo de las azafatas ligeras de ropa era bastante común, pero este stand se llevaba el premio al machismo más recalcitrante. Esta compañía, dedicada a las telecomunicaciones, usaba un grupo de bailarinas para publicitarse -aunque a la horda de hombres de negocios que allí se congregaba no parecía importarle demasiado la actividad de la marca.

Mwc 2017 Sí, es lo que parece. Fuente: Light Reading

Todos coincidíamos en que aquello era de lo más sospechoso, y las sospechas se confirmaron cuando, días después, saltó la noticia de que la GSMA había rescindido el contrato de esta empresa. Resulta que, además de bailecitos sugerentes, la empresa ofrecía la posibilidad de tener cenas privadas con sus bailarinas. En CBOSS lo llamaban “Deep Market Inspection”. Las imágenes de los panfletos que repartían dejan bastante claro de qué iban esas cenas.

Además de bailes sugerentes, esta empresa ofrecía la posibilidad de tener una 'cena' privada con una de sus bailarinas.

Este es un caso un tanto extremo, pero no es el único ejemplo de sexismo que se ha dado dentro del Mobile World Congress. Aunque no es la norma habitual (menos mal), prácticamente todos los años hay stands en los que se usa a la mujer como un claro reclamo para atraer al público masculino.

En 2015 pudimos ver un claro ejemplo de esta ‘estrategia’ en el stand de la compañía ZTE. Varias veces al día, un grupo de bailarinas se subía al escenario y hacía una coreografía para los allí presentes, porque claro, todo el mundo sabe que el baile es la mejor forma de vender móviles, pero sólo si las que bailan son mujeres.

"lol tech doesn't have a women problem." #MWC15 pic.twitter.com/3qWwEw8n54

— Lynn La (@lynnlaaa) 3 de marzo de 2015

Hey @ZTEPoland 🙂 #MWC2015 #dance #zte

Una publicación compartida de Przemyslaw Orawiec (@shem_pl) el

En la dirección correcta

Como ya hemos visto, en el MWC 2017 todavía queda algún que otro residuo de esta problemática, pero no son ni tan graves ni tan abundantes como sí lo eran en ediciones anteriores, por lo que nuestra impresión al salir de la feria fue positiva en este sentido.

Seguimos echando de menos más presencia femenina, sobre todo en puestos de responsabilidad.

Sin embargo, lo que sí echamos de de menos es una mayor presencia femenina, sobre todo en puestos de responsabilidad. Cada vez son más las excepciones, faltaría más, pero cuando nos acercamos a un stand lo habitual es que ellas hagan el papel de recepcionistas y ellos sean quienes dan la información.

Mwc 2017 Los roles siguen estando muy definidos: ellas en la recepción y ellos en puestos de responsabilidad

No lo decimos nosotros, la propia GSMA sacó adelante la iniciativa Women4Tech que se celebró durante los cuatro días de esta pasada edición. El objetivo del programa consistía en promover la diversidad de género como una forma de fortalecer el sector móvil.

Desgraciadamente, todavía necesitamos de iniciativas como esta para concienciar sobre el problema de desigualdad de género, y lo que sucede en la industria tecnológica es sólo un reflejo de un problema estructural mucho mayor.

A pesar de todo, cinco años después del despropósito de las 'cenas' privadas, tenemos claro que la feria de los móviles por excelencia ha dado un giro importante y, aunque todavía queda mucho camino por recorrer, vamos en la buena dirección.

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El sexismo en el MWC: así ha evolucionado la feria de los móviles de Barcelona

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por
Amparo Babiloni

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Y si las máquinas pudieran hacer lo que quieran, ¿qué?: la paradoja del libre albedrío en robots

Año 2043. Reino Unido es el último reducto de la WCC (Western Countries Confederation) en Europa, ante el imparable avance del DAESH. Un dron de exploración británico realiza un barrido por las orillas del Támesis. Con su sensor térmico detecta el avance de un grupo de soldados enemigos. Analiza y evalúa: diecisiete soldados, todos hombres (sabe eso debido a que analiza la forma de caminar, y la complexión y proporciones corporales), armados con armamento ligero y un lanzagranadas. En milisegundos, manda las coordenadas del objetivo a otro dron, esta vez a un bombardero X-54, quien, de nuevo en otros pocos milisegundos, lanzará una lluvia de misiles sobre los desdichados soldados Sin embargo, los sensores del dron de exploración detectan nuevos enemigos. Entre las ruinas de lo que antes fue la abadía de Westminster, avanzan cuatro blindados autónomos de clase T-95. Son un objetivo estratégicamente muy jugoso (cada tanque de este tipo le cuesta al DAESH unos dos millones de dólares), mucho más interesante que el grupo de soldados. Pero hay un problema. Los estrategas del DAESH descubrieron que había un tipo de blindaje para sus carros de combate, mucho más efectivo que el usual blindaje reactivo: el antiguo escudo humano. El objetivo era confundir la inteligencia artificial de las armas autónomas enemigas o, como mínimo, retrasar sus decisiones. El cerebro positrónico de un dron de la WCC tomaba decisiones siguiendo a rajatabla la Convención de Massachusetts de 2036, en la que 136 países aprobaron un código ético mundial para armas autónomas, conocido popularmente como BH (el Bushido de HAL). Según este código, un arma autónoma siempre evitará el mayor número de víctimas humanas posibles, por lo que a la hora de elegir el objetivo para un ataque, siempre elegirá a otra arma autónoma antes que a un grupo de soldados. La táctica del DAESH consistía en atar a unos cuantos prisioneros, si pueden ser civiles mejor, a lo largo de la carrocería de sus tanques. Entonces el dron tenía dos opciones: Dirigir los misiles hacia el grupo de diecisiete soldados. Todo correcto a nivel ético y legal: se mata a personas pero son soldados enemigos ocupando territorio soberano. Dirigir los misiles hacia los T-95. Se ocasionarían víctimas humanas del propio bando, generando intencionalmente daños colaterales y, por lo tanto, violando claramente el BH. Sin embargo, eliminar esos carros enemigos supondría una ventaja decisiva en la batalla que, casi con total probabilidad, evitaría más muertes que ocasionaría. ¿Qué hacer? ¿Violar tu propio código ético, o ser práctico y ganar la batalla haciendo, quizá, un mal menor? El dron piensa y actúa: los blindados enemigos son destruidos. Los programadores de la empresa Deep Mind encargados de diseñar el cerebro computerizado de la máquina dejaron una puerta trasera mediante la que los compradores podían reprogramar la conducta de su arma a su antojo. Los oficiales del ejército británico lo tuvieron claro: ganar la batalla era lo primero y unas cuantas bajas humanas, incluso de civiles, se justificaban en función de intereses estratégicos superiores. La Batalla de Londres se venció e, igualmente que le pasó a Hitler justo un siglo antes, la invasión de Gran Bretaña fue un fracaso. El DAESH y la WCC llegaron a un armisticio temporal. Todo pareció salir bien hasta que se descubrió que uno de los fallecidos utilizados como escudos humanos era la hija de Walter Smithson, un influyente multimillonario, dueño de una de las cadenas de restaurantes más importantes del mundo. El 2 de junio de 2044 interpuso una demanda al ejército británico por la acción de su dron. Legalmente la demanda era totalmente correcta: el dron había desobedecido la Convención de Massachusetts ocasionando bajas civiles. Correcto pero, ¿quién era el responsable de la acción? Los ingenieros de Deep Mind se lavaron las manos: ellos habían programado el dron para no desobedecer la ley. Si el ejército inglés lo había reprogramado para hacerlo, no era culpa suya. Todas las miradas apuntaron entonces al general Pierce Montgomery, responsable de armas autónomas del ejército de su Majestad. Pero, cuando todo indicaba que el laureado militar pagaría el pato, sus abogados utilizaron una sorprenderse estrategia: alegaron que el auténtico responsable era el dron, ya que había decidido atacar a los civiles con total y absoluto libre albedrío. ¿Qué es el libre albedrío? Definición de andar por casa: si nos encontramos ante la decisión de tener que elegir entre A o B, podemos elegir A o B sin que nada ni nadie nos obligue a hacerlo. La vamos desgranando: ¿qué quiere decir que algo o alguien nos obligue? Que alguien nos obligue lo entendemos muy bien (alguien apuntándome con una pistola), pero que “algo” nos obligue, ¿qué significa? Un ejemplo: yo vuelvo a mi casa a las tres de la mañana y quiero abrir la puerta. Estoy completamente borracho por lo que no atino a meter la llave por la cerradura. Yo quiero, deseo con toda mi alma abrir la puerta pero algo, en este caso la insalubre cantidad de etanol que fluye por mis venas y atonta mi cerebro, me impide realizar la acción que yo quiero hacer. En este caso, el alcohol es lo que llamamos un condicionante: algo que nos obliga, o como mínimo inclina, a obrar de una determinada manera. Es por eso que, en un juicio, los condicionantes se convierten en atenuantes. Los abogados de un presunto criminal aducen multitud de condicionantes para restar responsabilidad a las fechorías de su cliente. Un crimen cometido con premeditación y alevosía (es decir, con plena y total libertad) es castigado mucho más gravemente que otro que se cometiera bajo los efectos del alcohol o con la salud mental dañada (por eso los abogados de las películas alegan tanto la locura transitoria). Grandes filósofos como Rousseau o Kant, entendían la libertad como autonomía, es decir, como darse normas a uno mismo, siempre que esas normas fueran fruto de una decisión racional Incluso, los crímenes pasionales son, igualmente, menos castigados que los cometidos a sangre fría, arguyendo que las emociones ofuscan o confunden nuestro libre albedrío y nos empujan a hacer actos que, en estado normal, no haríamos. Las emociones se consideran también condicionantes. Desde los antiguos griegos, un imperativo vital ha sido siempre no dejarse llevar por las emociones, controlarlas. Actuar libremente, no consiste en actuar guiándote ni por altos o bajos instintos (pasiones) ni por ningún otro condicionante (cualquier tipo de estado mental alterado) ¿Qué es entonces lo que impulsa a actuar libremente? Una de las instancias más repetidas por la tradición occidental ha sido la razón práctica o deliberativa. Tenemos una facultad mental que nos permite decidir entre A y B. Los condicionantes pueden influirla pero, en último término, es ella la que elige. Grandes filósofos como Rousseau o Kant, entendían la libertad como autonomía, es decir, como darse normas a uno mismo, siempre que esas normas fueran fruto de una decisión racional, es decir, hubieran sido meditadas por nuestra razón práctica. Si yo decido escoger A porque, después de pensarlo muy bien, creo que escoger A es lo mejor que puedo hacer, estaré obrando libremente. Perfecto, pero aquí hay un grave problema ¿De dónde surgen las razones mediante las cuales yo guío mi acción libre? ¿Elijo mis pensamientos, mis razonamientos, las creencias que me orientan en mi vida? Parece que no. El psicólogo norteamericano Daniel Wegner nos invita a hacer un simplísimo juego para demostrarlo: intentad no pensar en un oso blanco. Es difícil, tarde o temprano el oso blanco volverá a emerger a nuestra memoria consciente por mucho que intentemos no pensar en él. En internet había una versión del juego llamado, con suma originalidad, the game, que consistía, precisamente, en intentar no pensar nunca en el propio juego. Lo divertido es que el ganador sería aquel que consiguiera olvidar que estaba jugando y, en cuanto a tal, jamás sabría que había ganado. El filósofo holandés Baruch Spinoza argumentaba que el libre albedrío es solo una ilusión ocasionada por nuestro limitado entendimiento a la hora de conocer las causas de nuestra conducta Entonces, si no elijo mis pensamientos y deseos y éstos determinan mis acciones, yo no elijo mis acciones… ¡No soy libre! Pero, ¿cómo es posible? ¡Yo siento que soy libre! Ahora mismo pienso en mover mi brazo y lo muevo… ¿cómo podríamos decir que yo no lo estoy moviendo libremente? Porque el libre albedrío es una ilusión. Baruch Spinoza (1632-1677) El filósofo holandés Baruch Spinoza argumentaba que el libre albedrío es solo una ilusión ocasionada por nuestro limitado entendimiento a la hora de conocer las causas de nuestra conducta. Vamos a entenderlo con un ejemplo: Juan asesina a su mujer disparándole con un revolver ¿Cuál fue la causa? Causa 1: Juan encuentra a su mujer en la cama con un amante, por lo que decide libremente apretar el gatillo. Causa 2: Luisa, la mujer de Juan, arriesgó mucho al pensar que Juan no volvería hoy del trabajo tan pronto. Si hubiese sido más prudente Juan no la hubiera descubierto con su amante. Causa 3: Manuel, el jefe de Juan, se encuentra de buen humor porque el Getafe, su equipo de fútbol favorito, ha ganado hoy. Por eso deja salir a Juan una hora antes del trabajo. Causa 4: Martín, el entrenador del Getafe, decidió sacar en el segundo tiempo a un prometedor jugador de la cantera con el que habitualmente no cuenta. Ese jugador, al borde del minuto 90, metió el gol de la victoria. Causa 5: Eloy, promesa de la cantera del Getafe, estuvo a punto de abandonar su carrera futbolística debido a que no contaba para nada para los diversos entrenadores que habían pasado por el equipo. Sin embargo, su padre habló con él y le convenció para que no abandonará. Causa 6: Marcos, el padre de Eloy, quiso también ser futbolista profesional. Sin embargo, dejó muy pronto su carrera deportiva porque le ofrecieron un trabajo muy bien pagado en una emergente empresa de informática llamada Apple. Siempre se arrepintió de haber dejado el fútbol, por lo que siempre animará a su hijo a que continúe. Recapitulamos. Si cualquiera de estas causas no se hubieran dado, es muy probable que Juan no hubiese asesinado a su mujer. Todas estas causas están encadenadas como piezas de dominó, de modo que una es condición para la siguiente (es un ejemplo del conocido efecto mariposa) pero podemos hablar de más condiciones aún: Causa 7: Pedro, el dueño de la armería, pospuso sus vacaciones una semana más, por lo que Juan pudo comprar su revólver al no encontrar la armería cerrada. Causa 8: Carlos, el amante de Luisa, chocó accidentalmente con ella cuando caminaba distraído mirando los cuadros de un museo. Sin ese choque jamás se hubieran conocido. Incluso podemos irnos a condiciones más lejanas pero, igualmente, necesarias para que ocurriera el crimen: Causa 9: los chinos inventan la pólvora y múltiples desarrollos tecnológicos van perfeccionando su uso hasta llegar al revólver a principios del Siglo XIX. Sin todo ese progreso, Juan no hubiera podido usar esa arma. Y, más lejos aún, podemos llegar a causas que hunden sus raíces en la física más elemental: Causa 10: el oxígeno es necesario como comburente para que la pólvora explote y se produzca el disparo del revólver. Sin oxígeno en la atmósfera, jamás se podría haber disparado revólver alguno y, es más, la especie humana no existiría y la vida en la Tierra sería muy diferente a como es ahora. Tenemos diez condiciones necesarias para que sucediera el asesinato pero, como bien podría hacer el lector como ejercicio de creatividad narrativa, con un poco de imaginación podríamos pensar una infinitud más (formando lo que en términos técnicos se llama nube causal). Sin embargo, decimos que el auténtico causante es, únicamente, el libre albedrío de Juan. A nadie se le ocurriría pensar que el culpable fuera el entrenador del Getafe, el dueño de la armería, los directivos de Apple o, más disparatado aún… ¡el oxígeno! ¿Por qué decimos que fue Juan? Spinoza lo tenía muy claro: es imposible conocer todas las causas que tuvieron algo que ver con el crimen por lo que, simplificamos a lo bestia con nuestros estúpidos cerebros de primate, y seleccionamos solamente una causa: el yo libre de Juan. ¿Sucesos aleatorios? El universo está gobernado por una serie de leyes naturales que, hasta ahora que sepamos, siempre se han mantenido estables desde los orígenes de todo. Algunas de ellas, las más poderosas, son deterministas, es decir, se cumplen siempre y en todo lugar, siendo imposible violarlas (por ejemplo, la gravedad). Otras, sin embargo, son probabilísticas o estocásticas, es decir, que solo se cumplen con un determinado grado de probabilidad (por ejemplo, fumar provoca cáncer de pulmón). Si todo lo que dirige nuestras vidas estuviese regido por leyes deterministas no habría lugar para el libre albedrío: tomaríamos nuestras decisiones de un modo tan obligatorio como el de una pelota cayendo hacia el suelo. Sin embargo, algunos han visto en las leyes probabilistas una vía de escape. Si nuestro cerebro no es una máquina determinista sino que en su funcionamiento participan procesos estocásticos, es posible que allí esté nuestra libertad, en el azar, en la aleatoriedad. Pero, ¿existen realmente sucesos aleatorios? En el mundo a escala humana, parece que no, pero en el mundo cuántico, algunos físicos nos dicen que sí (y otros que no). Si nuestro cerebro no es una máquina determinista sino que en su funcionamiento participan procesos estocásticos, es posible que allí esté nuestra libertad, en el azar, en la aleatoriedad. ¿Qué es un suceso aleatorio? Aquel que ocurre sin una causa que lo determine de modo que, incluso conociendo todas las variables que se dan en el proceso, sea imposible predecir su comportamiento. En este sentido, un suceso aleatorio podría parecerse mucho a un acto libre ya que, igualmente, el acto libre necesita no tener una causa que lo determine, necesita ser una causa sin causa o incausada. ¿Es entonces un suceso aleatorio un acto libre? Lo sentimos pero no. Que algo sea aleatorio solo implica dos cosas: Que, aceptando la verdadera aleatoriedad cuántica, sucede sin causa alguna, sin nada que determine su conducta. Pero eso no implica que sea fruto de una decisión libre. Aceptando que el lanzamiento de una moneda es un acto realmente aleatorio, la moneda no toma ninguna decisión, no delibera ni planifica ni desea hacer nada siguiendo un propósito. La moneda no es libre de elegir cara ni cruz. Que, realmente, lo único que pase es que no somos capaces de predecir su comportamiento debido a nuestras limitaciones observacionales o cognitivas, y que el suceso sea, en último término, tan determinista como cualquier otro. Estaríamos de nuevo ante la ignorancia de Spinoza: que desconozcamos las causas de un suceso no implica que éste obre libremente. No amigos, por la aleatoriedad no llegamos a la libertad. Y es que para que una acción sea libre necesitamos no que no esté determinada por nada sino que esté determinada por nuestra voluntad, por nuestras preferencias, valores, deseos… y los actos aleatorios, evidentemente, no lo están. ¿El Yo como fuente de libertad? Para que un acto sea libre tendremos que tener un Yo, una instancia que, realmente decida. Precisamente, el argumento actual más en contra de que las máquinas son libres es que no tienen un Yo, no tienen a nadie que decida en última instancia, solo siguen a rajatabla su programa, sin poder violarlo jamás. ¿Y qué es el Yo? Pregunta complicada donde las hubiere. Muchos lo han identificado con ciertos estados o fenómenos propios de nuestra mente: nuestra consciencia, nuestro “espacio interior” o subjetividad, nuestra sentience (capacidad de tener sensaciones), o ya, en términos religiosos, nuestra alma o espíritu. Sin embargo, la neurología moderna ha ido poniendo en jaque esta idea de Yo: El Yo no puede observarse de ninguna forma, ni siquiera usando la introspección. Si yo me analizo a mí mismo pensando, recordando o sintiendo, lo único que encuentro son pensamientos, recuerdos o sentimientos, pero nunca a ese sujeto que los tiene. Nadie jamás ha observado su yo ni el de nadie ¿En ciencia no ese eso suficiente para negar la existencia de algo? La neurología contemporánea no ha encontrado ningún lugar en el cerebro donde pueda encontrarse el módulo del Yo (aunque hay intentos muy loables). Las investigaciones apuntan más a que cada elemento de la experiencia consciente se procesa en diferentes partes del cerebro. De hecho, uno de los grandes problemas de la neurología actual es el llamado binding problem: ¿cómo se integra y se sincroniza toda la información sensorial en una imagen mental coherente? Los famosos experimentos de Benjamin Libet y muchos otros posteriores, sobre libre albedrío, muestran que los sujetos son conscientes de tomar una decisión después de que la decisión haya sido tomada. La conclusión es totalmente revolucionaria: el Yo, si es que existe, no decide… por lo tanto, no tiene ninguna relación con la libertad. Desde luego, si el libre albedrío es una noción oscura, la de Yo no le va a la zaga… ¿Qué nos queda entonces? ¿Tenemos que renunciar a una idea tan central en nuestro mundo como lo es la libertad? El alegato del general Montgomery Volvemos a la historia de los drones asesinos. Cuando todo parecía indicar que el responsable y, por lo tanto, culpable de todo era el general Montgomery, sus abogados elaboraron una sorprendente defensa: alegaron que el libre albedrío no existía, por lo que el general Montgomery ordenando que sus drones violaran la convención de Massachusetts, era tan poco libre como el dron ejecutando la orden. Entonces, o los dos no son libres y ninguno de ellos tiene responsabilidad en la muerte de la hija de Smithson, o los dos son igualmente libres y entonces, el dron, ejecutor de la acción, es el genuino responsable. El juez comenzó a ponerse nervioso. Si no existía el libre albedrío nadie sería responsable de nada por lo que el sistema judicial era un fraude… ¡Todo el trabajo de su vida no tenía sentido! ¡Tranquilícese señoría! – Repuso uno de los abogados – Tal como defendió el filósofo escocés David Hume, es posible compatibilizar una cierta idea de libertad con el determinismo físico. Se trata de definir como acción libre aquella que no está en contra de las determinaciones de mi propia voluntad. Mis pensamientos, creencias, valores, etc. que causan mi acción están completa y absolutamente determinados por causas anteriores y yo no soy más libre que el dron de combate. Estoy, por decirlo en términos informáticos, programado de antemano por mi naturaleza y mi cultura. Sin embargo, si debido a éstas yo quiero elegir A, y algo externo a mí me impide que yo lo elija, estará poniendo trabas a mi libertad e impidiendo que yo obre libremente. Por decirlo de otra forma: ser libre es poder obrar conforme a lo que estoy determinado. De este modo, podemos juzgar y condenar a cualquier criminal sin que el sistema judicial se venga abajo ¡Es posible justicia sin libertad! Por lo tanto, el dron, actúo siguiendo su programación sin que nadie se interpusiera entre su libre obrar y su objetivo, por lo que es culpable de sus actos. La sentencia sorprendió al mundo: el 28 de agosto de 2044, el dron de combate de tipo R-6 Alpha C con nº de bastidor 365889725E, fabricado y ensamblado en Taiwan por la Hongji Corporation, para la empresa estadounidense Deep Mind, actualmente en propiedad del ejército británico, fue el primer robot de la historia juzgado y condenado en un juicio. El castigo fue ejemplar: desmontar el dron y reciclar sus piezas para otros drones, destruyendo así su individualidad como agente racional (el equivalente robótico a una condena a muerte). No obstante, ni el general Montgomery ni la empresa Deep Mind se fueron del todo de rositas. El general por reprogramar el dron para que pudiese violar la convención de Massachusetts, fue condenado por cómplice e inductor del asesinato. Se le degradó de su rango y se le condenó a pasar tres años en una prisión militar (si bien al final, y de nuevo por la habilidad de sus abogados, no cumplió ninguno). A Deep Mind le cayó una cuantiosa multa por violar ciertas leyes de protección de software que prohibían vender código abierto sobre ciertos productos militares (si bien al final no pagó nada. Se declaró en bancarrota e incapaz de pagar, cambió su nombre por Deep Neuron y se refundó, siendo hoy en día la empresa hegemónica en el diseño de drones de combate). Pero lo más interesante es que esa sentencia creó jurisprudencia y, en cuestión de pocas semanas, los tribunales de todo el mundo estaban llenos de juicios en los que había inmiscuidos robots; y en cuestión de unos años, ya existía una rama del Derecho específica llamada Derecho Computacional, en el que se intentaba legislar para clarificar todo ésta difícil problemática acerca de las máquinas criminales. Sobre Santiago Sánchez-Migallón: Profesor de Filosofía atrapado en un bucle: construir una mente artificial, a la vez que construye la suya propia. Fracasó en ambos proyectos, pero como el bucle está programado para detenerse solo cuando dé un resultado positivo, allí sigue, iteración tras iteración. Quizá no llegue a ningún lado, pero dice que el camino está siendo fascinante. Darwinista, laplaciano y criptoateo, se especializó en Filosofía de la Inteligencia Artificial, neurociencias y Filosofía de la Biología. Es por ello que algunos lo caracterizan de filósofo ciberpunk, aunque esa etiqueta le parece algo infantil. Adora a Turing y a Wittgenstein y, en general, detesta a los postmodernos. Es el dueño del Blog La Máquina de Von Neumann y colabora asiduamente en Hypérbole y en La Nueva Ilustración Evolucionista. Fotos | iStock También te recomendamos Si pregunto mis dudas a Hacienda ¿estoy obligado a acatar su respuesta? Así funcionan las consultas vinculantes El día después de que podamos subir nuestro cerebro a un ordenador y replicarlo en otro lado Los orígenes evolutivos de la moral: ¿monos o dioses? - La noticia Y si las máquinas pudieran hacer lo que quieran, ¿qué?: la paradoja del libre albedrío en robots fue publicada originalmente en Xataka por Santiago Sánchez-Migallón .