Salud

En Rosario proponen la creación de un banco de pelucas para pacientes oncológicos

Banco pelucas pacientes oncológicos
El banco de pelucas de la localidad de San Lorenzo, provincia de San Fe, que reúne a estilistas, peluqueros y maquilladores. Allí se confeccionan para luego brindársela a quien lo necesite y lo solicite

El diagnóstico de cáncer impacta en las personas de manera física, psíquica, social y espiritualmente. Los tratamientos producen consecuencias físicas temporarias o definitivas que causan angustia, preocupación, ansiedad y la búsqueda de soluciones posibles. La imagen corporal se modifica. Uno tiene que reconocerse en esa nueva imagen y así queda expuesto a la mirada del otro.

Según la coordinadora del área de psicooncología del Observatorio de Salud mental y Adicciones de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Fabiana Correa, una de las consecuencias de la quimioterapia puede ser la caída del cabello: “La mayoría de los pacientes comentan que es uno de los momentos más difícil de atravesar. Frente esta pérdida podemos ofrecer alternativas como pañuelos, turbantes, gorros, sombreros o pelucas oncológicas”.

“La idea de la creación de un banco pelucas en Rosario surge con la finalidad de acompañar al paciente que padece esta enfermedad, para mejorar su imagen corporal, contenerlo y brindarle una peluca oncológica absolutamente gratuita que lo identifique a su nueva imagen, amainar el sufrimiento a través de una peluca que da respuesta a la alopecia que puede generar el tratamiento de quimioterapia”, afirmó. Junto a “Valientes por la Vida”, un grupo de mujeres que luchan y contienen a quienes sufren estas patologías, pretenden llegar a la mayor cantidad de pacientes posibles y de manera gratuita, según señala la coordinadora del grupo interdisciplinario Continuidad, la licenciada Correa. “Si el paciente es escuchado, contenido y acompañado dentro de un equipo de profesionales, cumplimos con el objetivo de mejorar la calidad de vida de estos pacientes”.

Banco pelucas pacientes oncológicos
Muchas personas se suman al grupo de trabajo que llevan adelante esta actividad. La idea es poder llegar a todos los pacientes oncológicos no solo de Santa Fe, sino de todo el país

-¿Cómo es el proceso desde el momento en que un paciente oncológico los contacta?

-Cuando un paciente se pone en contacto, se lo consulta acerca de su diagnóstico y se fija una cita donde la persona puede ver las pelucas disponibles o tomarse las medidas para la confección de una nueva. Si está disponible se la lleva en el momento , si no tarda alrededor de 15 días. Si no es de una localidad a la que podamos llegar hacemos de nexo con algún banco de pelucas cercano a su lugar de residencia.

-¿Cómo confeccionan las pelucas? ¿Qué necesitan?

-Para su confección se recibe la donación de cabello (mínimo 20 cm), luego se carda el cabello donación por donación y se segmenta por color. Posteriormente se arma la cortina sobre una cinta de papel y se cose para elaborarla sobre un cabezal. Su valor oscila entre los $30 mil y $60 mil , teniendo en cuenta que se necesitan otros $1.500 para materiales y unas 20 horas de trabajo

Banco pelucas pacientes oncológicos
Durante una de las charlas que brindan a los enfermos de cáncer. Hasta el momento cuentan con talleres de maquillaje, nutrición, relajación, redes sociales, escritura y lectura

-¿A quiénes alcanza este proyecto? ¿Sólo en Santa Fe?

-Por el momento sólo tenemos alcance en la ciudad de San Lorenzo (Provincia de Santa Fe), y en la zona del cordón industrial. Quisiéramos llegar a todo el país para poder ayudar a quienes lo necesitan, ya que nos contactan personas de todas las provincias y también del exterior. Chile, México y Uruguay, entre otros.

El testimonio de Mónica Guglielminotti, paciente oncológica y una de las fundadoras de “Valientes por la Vida”

“Yo me enteré en el año 2011″, cuenta a Infobae. “Bañándome, me encontré con una especie de granito de arroz. Muy leve, raro y siempre me fijaba en eso. Me fui a un cumpleaños y al otro día busqué un turno para el médico. Me atendió, me hizo una ecografía y me dijo que era un fibroadenoma benigno, que podía volver el próximo año. En el 2012, volví y lo que era un granito de arroz ya era del tamaño de una aceituna, y me seguía diciendo que era un fibroadenoma benigno. Como algo puedo entender de todo esto porque estudié medicina, al dolerme la axila izquierda, directamente me despedí de este doctor sin decir nada y empezado el 2013 empecé a buscar un mastólogo. Encontré uno de mi confianza que conocía de la universidad y saqué un turno. Le dije: ‘Bueno Carlos, creo que tengo cáncer’”.

“Estaba segura. Tenía muchos síntomas, me dolía mucho el brazo, tenía inflamados los ganglios axilares del lado izquierdo. Esto no es un fibroadenoma benigno, pero bueno, te dejo todos los estudios y vemos qué hacemos. Él me dijo que tenía todo el aspecto de ser un cáncer pero que iba a indagar un poco más”.

Banco pelucas pacientes oncológicos
Mónica Guglielminotti al inicio de su tratamiento de quimioterapia junto a sus 4 hijos

“Se hicieron más estudios y cada vez nos convencíamos mas-continúa-. Lamentablemente era un cáncer grado II, avanzado y agresivo. Me dice el médico: ‘Vamos a operar, vamos a sacar la mama completa y quizás con eso te evitas los rayos y si está encapsulado por ahí no tenés que hacerte quimioterapia. Quien te dice’. Me daba mucho ánimo. Me opero. Una operación traumática porque es el pecho completo. Cuando me despierto, ya sin el pecho y con la operación de ganglios. Con el tiempo voy al médico con biopsia en mano y me dice: ‘No quisiera decirte esto pero yo esperaba que por lo menos estuviera encapsulado y por lo menos hubieran sacado nada más que el nódulo’. Lo vi pálido al médico cuando lo leía y me dice: ‘La biopsia es desastrosa. No solamente está el tumor con un cáncer agresivo, de rápido crecimiento, infiltrativo, sino que está tomada toda la mama. Y lo que es peor, es que los ganglios que sacamos de la axila, todos los que sacamos son metastásicos con el mismo cáncer’”.

“Me agarró las manos, es como un padre para mí, me palmeó la espalda y me dijo: ‘Ahora cuidate las venas porque vas a recibir muchos meses de quimioterapia muy fuerte. Se te va a caer el cabello completamente. Vas a quedar pelada, sin cejas, sin ningún vello en el cuerpo. Vas a adelgazar el primer tiempo. Y como es hormonal, probablemente después vas a engordar. Sin el pecho, sin cabello. Con un año por delante entero’”.

Un año entero de quimioterapia de dos clases diferentes. Primero las mas fuertes cada 21 días y después cada 28 porque mis glóbulos blancos no se recuperaban, quedaba muy inmunodeprimida. En el medio las defensas me bajaron. Tuve muchos trastornos de salud, muchos efectos colaterales, problemas, idas y venidas. Yo iba siempre siempre sola a hacerme todo. Me hice amigas en los tratamientos, con las cuales nos encontrábamos para ir. Nos acompañábamos para volver. Gente maravillosa que conocí en el camino. Muchas de las que ya, lamentablemente, perdí en el camino. Pero me ayudaron. Los sentimientos cuando el médico me dice todo la primera vez, lo que me va a pasar y la gravedad, lo primero que hice es decirle: ‘Mis hijas tienen que cumplir 15 años en 6 años, necesito hacerles el cumpleaños de 15, por favor decime que voy a vivir’. Y él bajó la mirada y no me contestó. Vi todo nublado. Sinceramente, no podía encontrar la forma de expresar lo que se siente. Es durísimo. Terrible”.

“Después de haber atravesado todo esto, mi oncóloga, al verme el pelo tan largo me pidió que me comunique con una paciente de ella que era diseñadora de indumentaria y que hacía turbantes, que era paciente y también había pasado lo mismo. Me contacté con ella, fuimos a tomar un café y a partir de ahí empezamos a encontrarnos. Primero éramos nosotras dos, después tres, cuatro, cinco. De a poquito. Y empezamos así. Todo es una lucha. Buscar prótesis, pelucas, turbantes, vinchas y luego repartirlas. Hasta que el 2 de diciembre de 2016, en un bar de un shopping de Rosario, nos reunimos 17 chicas con patologías, con distintos cánceres, porque después se sumaron de todo tipo, como así también hombres. Llegué a casa y me dice una de las chicas que arme un grupo de Whatsapp y le ponga un nombre. Le pedí ayuda a mis hijas y me preguntan, ¿qué nombre le ponemos? Ponele valientes, respondí. Lo primero que se me ocurrió. Y así empezó Valientes por la Vida. Cuando me enfermé aprendí que el miedo nunca supera la esperanza”.

Quienes quieran contactarse lo pueden hacer a la siguiente dirección de correo electrónico: Mónica Guglielminotti: guglielminottimonica@gmail.com

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