Salud

De qué manera el aislamiento afectará la inmunidad de las personas a largo plazo

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¿Qué será de los sistemas de defensas de los niños, que termina de madurar en contacto con el mundo exterior y con otras personas? (Getty) (Justin Paget/)

En 1989, el epidemiólogo David Strachan propuso por primera vez la “hipótesis de la higiene”, según la que estar demasiado limpio causa defectos en el sistema inmunológico, lo que lleva a un aumento de enfermedades inflamatorias. Si bien la teoría de Strachan sigue siendo debatida por muchos y no hay dudas acerca de que la higiene salva innumerables vidas, décadas de datos respaldan la idea de que la exposición a microbios ayuda al desarrollo del sistema inmunológico.

Desde el inicio de la pandemia por el nuevo coronavirus la mayoría de la población mundial no se abrazó con sus seres queridos (menos aún con extraños), ni asistió a fiestas o recitales multitudinarios. Tampoco nadie pasó largas jornadas trabajando en oficinas llenas de gente. En cambio, las personas permanecieron meses enteros encerrados en sus casas, desinfectando sus manos a toda hora y aferrándose a recuerdos lejanos de cuando iban a restaurantes, cines y gimnasios.

¿Qué habrá pasado entonces con esos sistemas inmunológicos? ¿Qué va a pasar ahora en plena segunda ola de COVID-19 en la Argentina y ante un nuevo confinamiento que busca aplacar la curva de casos en un contexto de escasez de vacunas que dificulta la inmunización de la población? ¿Y qué será de los sistemas de defensas de los niños, que termina de madurar en contacto con el mundo exterior y con otras personas?

Graham Rook es microbiólogo del University College London y propuso en 2003 una alternativa a la hipótesis de la higiene. Su “teoría de los viejos amigos” postula que a medida que los humanos evolucionaron, su sistema inmunológico aprendió a lidiar con los microbios que los rodean en el mundo natural. Rook sostiene que las personas deben estar expuestas a estos microbios “viejos amigos” para que su sistema inmunológico se desarrolle correctamente.

“Nuestro sistema inmunológico es un sistema de aprendizaje, al igual que el cerebro -explicó Rook-. Nacemos con un sistema inmunológico ‘innato’ codificado en nuestros genes, pero este es ‘sintonizado’ por nuestro sistema inmunológico ‘adaptativo’, que recopila datos de los microbios que nos rodean para determinar cuáles son seguros y cuáles son peligrosos. Sin los datos correctos, el sistema inmunológico comienza a atacar cosas que no debería, provocando alergias, asma y enfermedades autoinmunes”.

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Para cuando una persona llega a la edad adulta ya se habrá encontrado con una gran cantidad de microbios (Getty) (MATT-PORTEOUS/)

Así, para cuando una persona llega a la edad adulta ya se habrá encontrado con una gran cantidad de microbios. Su microbiota, los billones de microbios que viven en ella y dentro de ella estará “bastante estable y establecida”, según Rook. Por tanto, es poco probable que un año de aislamiento dañe gravemente los mecanismos reguladores de esos sistemas inmunológicos. Pero cuando se trata de niños, Rook y otros científicos están preocupados por los efectos de las medidas de confinamiento tomadas por los países para prevenir el avance del COVID-19.

Hebe Casado es médica especialista en Clínica Médica e Inmunología (MN 7990) y ante la consulta de Infobae explicó que “existe una inmunidad innata y otra adaptativa”. “O sea una inmunidad que tenemos al nacer y otra que se va desarrollando a partir de los estímulos antigénicos que vamos teniendo a lo largo de nuestra vida -ahondó-. En el desarrollo de esa respuesta adaptativa tiene que ver todo lo que nos sucede desde el momento del nacimiento, incluso la forma de nacer incide, ya que no son los mismos gérmenes con los que interactuamos al nacer por parto normal o por cesárea. La lactancia materna también cumple un papel fundamental en el desarrollo de nuestro sistema inmune, tanto por las bacterias que pueden haber en la mama como por las inmunoglobulinas que pasan con la leche materna”.

Luego, el contacto con el medio ambiente va modulando la respuesta inmune, dependiendo de los desafíos inmunogénicos que cada persona vaya teniendo.

En ese sentido, sobre cómo afectará el aislamiento a la inmunidad a largo plazo, el profesor doctor Alejandro Malpartida, especialista en Inmunología (MN MD 168444) sostuvo “el aislamiento, la falta de contacto con semejantes y con otros organismos visibles o invisibles pueden tener diferentes grados de significación”.

Para el especialista de Inmunogénesis-Microgenesis, “en principio y dependiendo del tiempo, no estar expuesto a diversidad de ambientes y organismos conlleva una disminución de las funciones inmunitarias. Un sistema inmunológico potente en general se genera en un entorno natural y expuesto a diversidad de organismos, los cuales estimulan las funciones y mantienen una actividad protectora y reguladora eficiente”.

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"El aislamiento, la falta de contacto con semejantes y con otros organismos visibles o invisibles pueden tener diferentes grados de significación" (Getty) (filadendron/)

La exposición a ecosistemas más diversos que lo habitual, como por ejemplo la vida en la ciudad, juega un papel importante en la salud y por supuesto en la ocurrencia o no de enfermedades, básicamente porque esa falta de contacto y “entrenamiento” del sistema inmunitario.

“Un campo importante de investigación biomédica se centró principalmente en las comunidades microbianas intestinales, las cuales representan un ecosistema de miles de millones de células de distinta estirpe microbiológica (microbioma) -señaló Malpartida-. En esto hay que considerar las fuentes de alimentarias, principalmente los alimentos frescos que aportan en la ingesta no sólo nutrientes, sino también microorganismos a partir de los cuales nuestro sistema inmune, como por ejemplo el de la mucosa gastrointestinal los reconoce, los elimina o los tolera”.

En ese sentido, sumó que “datos de investigaciones recientes indican que el estilo de vida / ambiente moderno es el responsable de la configuración del microbioma intestinal humano, modelado además por el entorno circundante, por los hábitos alimentarios, el origen de los cultivos que se ingieren y la genética del huésped”.

– ¿Qué hay de cierto acerca de que los niños necesitan estar en contacto con el mundo exterior y otras personas para el normal desarrollo de su microbiota y su sistema inmunitario?

– Casado: Los niños que están expuestos a más cantidad de gérmenes desarrollan menos alergias y problemas autoinmunes. El compartir con otros niños hace que también se produzcan contagios de diferentes enfermedades que van modulando la inmunidad. Es habitual que un niño que inicia la guardería o el jardín de infantes, durante los primeros meses, seguramente va a tener varias infecciones (respiratorias, gastrointestinales, etc) pero a medida que transcurre el tiempo esos niños se enferman menos. La vacunación también ayuda a entrenar al sistema inmune y los cambios hormonales que se producen en la adolescencia influyen también.

La microbiota de cada individuo va a depender de todo lo que sucede desde el nacimiento.

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La exposición a ecosistemas más diversos que lo habitual, como por ejemplo la vida en la ciudad, juega un papel importante en la salud y por supuesto en la ocurrencia o no de enfermedades (Getty) (Marco Bottigelli/)

– Malpartida: Hace ya muchos años que se viene poniendo de relieve el hecho que vivir en un entorno lo más natural posible, ya sea rural o costero, resulta beneficioso para la salud en general y la calidad de vida en particular. El contacto con la mayor diversidad de organismos macro y microscópicos permiten incorporar y “entrenar” al sistema inmune para producir sus diversas funciones (defensas), y al mismo tiempo a “tolerar” determinados componentes microbianos sin desarrollar una respuesta exagerada que puede ser perjudicial o en tal caso a regular. Este proceso es fundamental e involucra la historia de la exposición de la mujer gestante, la gestación misma, el nacimiento y los primeros años de vida fundamentalmente.

El hecho es tal que la exposición al entorno inmediato, al tipo y origen de los alimentos y hasta el aire que respiramos sobre todo en las ciudades, a través de un proceso llamado epigénesis, da lugar a la regulación de la actividad de genes en respuesta a esas señales ambientales. La epigénesis introduce modificaciones o cambios que no implican una alteración en la secuencia genómica, pero si la forma en que se manifiestan los productos de éstos con relación a esos estímulos, por lo cual, puede dar lugar a una respuesta diferente o no conveniente. Estos procesos son muy activos en los primeros años de vida, afectándose las trayectorias de crecimiento y los riesgos metabólicos posteriores, pudiendo hasta generar trastornos del desarrollo.

Por ejemplo; el fracaso de la inmunorregulación se debe en parte a la falta de exposición a los organismos que han tenido que ver con nuestra propia evolución y que, como tales, han sido tolerados desempeñando roles en la conducción de los mecanismos inmunorreguladores. Los problemas surgidos como parte de estas carencias conducen por lo general a la generación de autoinmunidad o alergias, que se han ido incrementando en las últimas décadas, donde la vida citadina y el alejamiento de la vida al aire libre y los alimentos frescos también ha ido en aumento.

Byram W Bridle es inmunólogo de la Universidad de Guelph, en Canadá, y al igual que a Rook, le preocupa un aumento de los trastornos inmunológicos causados por el encierro que limita la exposición de los niños al mundo natural; incluso antes de la pandemia, los científicos documentaron que “aquellos que crecen en grandes centros urbanos tienden a tener una incidencia mucho mayor de alergias, asma y enfermedades autoinmunes”.

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"Una inmunidad es la que tenemos al nacer y otra se va desarrollando a partir de los estímulos antigénicos que vamos teniendo a lo largo de nuestra vida" (Getty) (Nitat Termmee/)

– ¿A qué edad termina de madurar el sistema inmunitario?

– Malpartida: Los procesos biológicos y ecológicos se encuentran revestidos siempre de características individuales y geográficas, así como también, la forma y lugar de vida en la historia del desarrollo del individuo. Sin embargo, es alrededor de los dos años de vida que se puede decir que un humano tiene el sistema inmune desarrollado o con las capacidades para cumplir con todas sus funciones, las cuales se mantendrán, disminuirán o aumentarán de acuerdo a su propia historia de vida y entorno inmediato. Tal como se señaló antes, en esto juega un rol importante la edad, la época de la vida y la nutrición. Por otro lado y en general la exposición temprana o más natural, genera un desarrollo más temprano del sistema inmune, que si esta ocurre en condiciones más citadinas.

Sobre cuáles podrían ser las consecuencias a futuro de estos niños nacidos o que pasaron sus primeros años de vida en pandemia, el especialista consideró que “de momento no puede saberse, pero si se admite que una falta de contacto con otras personas, juegos en áreas verdes o con alguna carencia de alimentos frescos, va en detrimento de la inmunidad, es de esperar que todo esto implique un estigma más de algo que ya viene ocurriendo”.

“El desarrollo de nuestro sistema inmunológico es producto de la historia evolutiva de nuestra exposición como organismos en un entorno y se conforma como producto de nosotros como organismos y otros miles de especies más que conforman las comunidades de vida que nos pueblan y de los ecosistemas en los que estamos inmersos”, enfatizó.

En la misma línea, para Casado, “es esperable que todo este año de aislamiento, de ambientes desinfectados, de falta de contacto con otros individuos influya a futuro en el sistema inmune tanto de niños como de adultos”. “Las consecuencias aún no las podemos conocer pero podemos inferir que los niños van a estar más desprotegidos frente a infecciones comunes del aparato respiratorio o gastrointestinal, o que exista cierto riesgo a desarrollar más alergias o enfermedades autoinmunes”, agregó.

Lo cierto es que los datos aún no están disponibles y los expertos creen que es demasiado pronto para analizar los efectos duraderos de los bloqueos. Lo que sí está claro es que “las personas robustecen su sistema inmunitario con el contacto familiar y los niños con otros niños, con salidas al aire libre, con alimentos frescos”, apuntó Malpartida. “La lección de la biodiversidad es que más diversidad produce en general sistemas naturales más robustos y el inmune no escapa a esa regla”, finalizó.

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