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Ganó dos títulos en Boca Juniors y revela el motivo de la pelea entre Riquelme y Palermo: “Se saludaban únicamente en la cancha”

Angel Celoria
Celoria incluso llegó a dirigir un partido en el Xeneize, ante la suspensión de Ischia: fue un 4-3 frente a Colo Colo

“La rivalidad entre Palermo y Riquelme existió, sin dudas. Se saludaban únicamente en la cancha para festejar los goles. Después, se ignoraban en el vestuario. No compartían el mismo grupo y comían en mesas distintas; nunca hubo un clima que afecte el rendimiento del equipo. Eran dos fenómenos, pero la pelea fue por una cuestión de vedetismo, de quién era más importante frente al grupo o en el vestuario”. De esta manera, se presenta Ángel Enrique Celoria, quien fue ayudante de campo del entrenador Carlos Ischia en Boca Juniors, entre el 2008 y 2009.

Celoria es un entrenador de mucho recorrido en el Ascenso. Comenzó su carrera en 1970 en las Divisiones Inferiores de Chacarita. Luego, se hizo cargo del primer equipo de Huracán de Parque Patricios, Deportivo Armenio, All Boys, Banfield, Los Andes, Almirante Brown, Atlanta, Quilmes, Cipolleti de Rio Negro, Douglas Haig, Instituto de Córdoba y estuvo un par de años en Coquimbo de Chile, su única experiencia en el exterior.

“El entrenador debe tener vocación por su profesión, sino no duraría nada en su cargo; sería muy efímera su actuación. En los años 80 pasé por el Ascenso, donde dirigís en una silla eléctrica. Sufrí aprietes y amenazas, pidiendo que se ganara sí o sí. Las décadas del 80 y 90 eran muy bravas”, cuenta el hombre de 78 años, que desde hace 22 es coordinador general del Hindú club en el intercountry.

En diciembre de 2007, Celoria recibió un llamado del Pelado Ischia para sumarse al cuerpo técnico que comandó al Xeneize a ganar el Apertura 2008y la Recopa Sudamericana del mismo año.

“Más allá de la pelea Palermo-Riquelme, no tuvimos otros inconvenientes. Disfrutamos de aquella época en la que ganamos dos títulos. Nos quedamos afuera de la Libertadores ante Defensor Sporting, siendo Boca el mejor equipo de la zona. No pudimos cumplir con nuestras aspiraciones y a partir de ahí, empezó la debacle”, recuerda el pampeano, que como entrenador interino dirigió el triunfo por 4 a 3 contra Colo Colo en La Bombonera por la suspensión de Ischia, allá por marzo de 2008.

“Sufrimos muchas cosas que nos terminaron perjudicando. La muerte de Pedro Pompilio, que la sintió mucho el grupo. Además, no tuvimos a Palermo porque sufrió una lesión en los ligamentos. No contamos con Riquelme para pretemporada porque se fue a jugar a los Olímpicos. Tuvimos una serie de dificultades que nunca consideró la dirigencia y nos terminaron echando”, rememora Celoria en dialogo con Infobae.

-¿Qué es de su vida, Ángel?

-Hace 22 años que trabajo en el Hindú Club, como coordinador general en el fútbol intercountry. Es una labor constante, más allá de esos momentos que me tocó entrenar en el ámbito profesional. Luego de un paso por Boca y Tiro Federal, no estoy haciendo más nada. Es un torneo amateur muy bien organizado y tiene su estructura. Hay mucha gente trabajando. Hoy, los country se preparan de otra manera, ya que cuentan con técnicos recibidos y preparadores físicos.

-¿Se puede vivir del fútbol amateur?

– No, es solo una ayuda económica; no se paga como fútbol profesional ni mucho menos. A mucha gente le sirve, como a los profesores físicos que salen de un lugar y se meten en otro. El intercountry es interesante. Me encuentro con ex jugadores, técnicos y árbitros que se ganan su dinero en diferentes categorías, de todas las edades, hasta los 60 pirulos. Siempre le di prioridad al fútbol profesional, pero cuando uno queda inactivo, me llaman y voy. Soy jubilado, tengo 78 años. Esta actividad es una de las cosas que me hacen sentir bien, porque entreno dos veces por semana, y me obliga a una actividad mental que me sienta bien.

-Hace 22 años que está en el Hindú club. ¿Cómo es dirigir en una liga amateur, viniendo del Ascenso y de la Primera División?

-Es distinto, pero algunas cosas son parecidas. Una cosa es una profesión y otra distinta es un divertimento, haciéndolo de manera seria. Igualmente, les exijo mucho y eso tiene su atractivo. Igual, estoy a la espera de que me llegue una propuesta para dirigir como profesional o ayudante de campo, y no descarto la de asesor deportivo también. Es difícil a mi edad conseguir algún trabajo de este tipo, pero me siento bien e íntegro, y estoy actualizado mil por mil.

-Después tantos años de dirigir, ¿coincide con lo que le dijo Leonardo Madelón a Carlos Tevez, que el cargo de DT es como estar en una silla eléctrica?

-Sí, es una silla eléctrica en algunas circunstancias y un sillón placentero en otras. El fútbol te da malos momentos, pero también placeres y satisfacciones que no te dan otras actividades. El entrenador debe tener vocación por su profesión, sino no duraría nada en su cargo; sería muy efímera su actuación. En los años 80 dirigí mucho tiempo en el Ascenso, y ahí sí es estar en una silla eléctrica.

-¿Por qué?

-Dirigir en el Nacional B e ir por ejemplo hasta Tucumán en micro era una odisea. Fui a cada club sin capacidad económica y no era sencillo ganar un partido. De esa manera, me exponía totalmente, pero cuando ganás también es un placer. En el Ascenso se sufre mucho y existen cosas que en la máxima categoría no. Por ejemplo, no recibimos el mismo el trato con los barras bravas, ni da lo mismo perder un partido siendo entrenador de Almirante Brown de local, que hacerlo con Boca en La Bombonera. Además, si perdés, salís de La Boca tranquilo, pero de Brown no se sí llegás a tu casa ni llegás a meterte en el auto.

-¿Padeció hechos de violencia con los hinchas de los clubes donde dirigió?

-En el Ascenso sufrí aprietes y amenazas, pidiendo que se gane sí o sí. Las décadas del 80 y 90 eran muy bravas, pero cuando uno trabaja en Boca eso no pasa. Estuvimos un año y medio con Carlos Ischia como entrenador y no conocí a los integrantes de La Doce. Nunca tuvimos la presencia de los barras en un entrenamiento con la idea de exigir determinadas cosas, eso nunca nos pasó.

-Su primer club fue Huracán. ¿Cómo fue su primera experiencia en la máxima categoría?

-Hasta esa experiencia había dirigido únicamente en Inferiores. Llegué para la temporada 81y logré un éxito importante. Cuando agarré, Huracán estaba peleando el descenso y terminamos de mitad de tabla para arriba. Fue muy meritorio y me gustó mucho dirigir a Huracán.

-Luego estuvo 18 años dirigiendo en el fútbol del Ascenso

-Me fue muy bien, con equipos que pelearon campeonatos en varias oportunidades. Tuve más éxitos que fracasos. Pasé por Deportivo Armenio, Banfield, Los Andes, All Boys, Almirante Brown, Atlanta, Quilmes, Douglas Haig, Instituto de Córdoba, y Cipoletti de Rio Negro. En 1998 me fui dos años a Coquimbo de Chile, mi única experiencia en el exterior. Hasta que me llegó la oportunidad de llegar al Hindú. En el 2008 llegué a Boca.

-¿Qué recuerda de aquellos 18 meses en Boca como ayudante de campo de Carlos Ischia?

-Yo venía de un largo recorrido en las diferentes categorías del fútbol argentino. Un día me llama Carlos y me invita a formar parte de su cuerpo técnico. Antes habíamos tenido un paso por Rosario Central y cuando nos fuimos de ahí, a los dos meses nos contrata Boca. Fue la frutilla del postre en mi carrera. Lo disfruté muchísimo, pero al principio me puse muy nervioso.

Angel Celoria
Celoria y Palermo, en la etapa en azul y amarillo

-¿Por qué?

-El primer partido que dirigimos fue justamente ante el Canalla en Rosario. Luego del encuentro, me puse a caminar de un lado al otro en el vestuario. Entonces, me ve Ischia y me pregunta: “¿Qué te pasa?”

– ¿Qué le respondió?

– “Estoy nervioso; estamos en Boca, no en cualquier lado”. Me dijo: “No te pongas nervioso, quedate tranquilo y disfruté de este momento, que es algo que no se repite y es lo más lindo que te puede pasar”. Eso me hizo reflexionar y me permitió disfrutar todo lo que es el mundo Boca. Cada entrenamiento, a los jugadores, y los momentos malos también. En un año y medio ganamos dos títulos: el Apertura 2008 y la Recopa Sudamericana. Jugamos siete Superclásicos, incluidos lo del torneo de verano. Ganamos 5 partidos, perdimos uno y empatamos el restante. Después, tuvimos unos meses malos y nos echaron.

-Fue director técnico interino en aquel partido contra Colo Colo por la Copa Libertadores 2008, con victoria por 4 a 3 en La Bombonera. ¿Por qué se hizo cargo del equipo?

-Lo recuerdo como una cosa natural y normal. He vivido cosas en ese club con mucha normalidad y hoy me parecen cosas fantásticas; no tan normales. Carlos estaba suspendido, pero igualmente llevó a cabo la charla técnica. Luego, le tocó quedarse fuera del campo de juego y tuve que ser el técnico; no me dio ninguna indicación previa. Nos comunicamos por teléfono en el primer tiempo. En el complemento, no funcionaban las líneas telefónicas porque Ischia dejó el palco y se fue al vestuario, ya que quería verlo por televisión. De esta manera, empecé a hacer los cambios y dirigí al equipo con total naturalidad, ya que no era mi primera vez. Luego del encuentro, tomé conciencia de que había sido técnico de Boca.

-¿Cómo fue dirigir en una Bombonera repleta?

-Terrible. Desde el banco de suplentes hasta la salida del túnel saludé a todos los que se me cruzaban. Yo estaba acostumbrado a todo eso, pero no en ese club. Esa diferencia la noté en los años posteriores, ya que en Boca todo se magnífica, lo bueno y lo malo. Se disfrutó hasta lo que no salió bien porque no me quería ir más del club, me quería quedar a vivir.

-¿Por qué los echaron?

-Luego de los dos campeonatos ganados, tuvimos un bajón anímico y el inicio del torneo no fue el mejor, con malos resultados. Quedamos mal en la tabla, como lo está hoy Boca, y no nos bancaron. Armamos un buen plantel, consolidamos un grupo de jugadores y logramos triunfos importantes frente a River.

-¿Tuvieron la banca de los futbolistas?

-En ningún momento noté un boicot contra el cuerpo técnico; era un vestuario normal. No veía a un grupo accionar frente a nuestro trabajo. Yo estaba en contacto directo con los jugadores, no sólo en la función de técnico, sino como persona. Más allá del problema que existió entre Palermo y Riquelme, el grupo no quería voltear a Ischia, de ninguna manera.

-¿Cómo vivieron la pelea entre Palermo y Riquelme?

-Ischia tenía una capacidad total para manejar el grupo. La rivalidad entre Palermo y Riquelme existió, sin dudas. La división del grupo existía, pero nunca lo vimos plasmado en la cancha. Nunca vi que alguno de los dos no le diese la pelota al otro. Simplemente pasaba que se separaban, no se hablaban, y estaban en el vestuario en distintos sectores, uno tomaba mate en la utilería y el otro en el vestuario. Pero los goles se festejaban y fue la condición que pusieron ambos.

-¿Se saludaban por lo menos?

-Se saludaban únicamente en la cancha, cuando uno de los dos convertía un gol. Nada más. Después, se ignoraban en el vestuario. No compartían el mismo grupo y comían en mesas distintas; nunca hubo un clima que afecte el rendimiento del equipo. Eran dos fenómenos como jugadores y personas. Fue una cuestión de vedetismo, de quién era más importante frente al grupo o en el vestuario.

-¿Por lucha de egos?

-Sí, por ese motivo. Siempre digo que es igual a cuando caminás por la Avenida Corrientes y observás la cartelera de un espectáculo, quién quiere estar primero en la fila y quién segundo en el cartel. Fue una tontería la pelea de ambos porque no ayudaba en nada, ya que ninguno de los dos necesitaba de eso para ser más importante que el otro. No hubo ninguna pelea de puños en el plantel, simplemente estaban separados en dos grupos. Existió la rivalidad, nadie lo puede dudar. No fue agresiva ni se levantaron la mano, tampoco se insultaron. No se hablaban, ni se saludaban en el vestuario, pero sí cuando hacían un gol.

-Sí hubo una pelea entre Ischia y el arquero Mauricio Caranta. ¿Por qué se dio?

-Fue una cosa rara. Jugábamos contra Estudiantes de La Plata y el último día de entrenamiento, me encara Caranta y me dice: “Necesito hablar con Carlos”. Entonces, voy a la oficina, donde estaba Ischia, y se lo comento. El DT me dice que lo llame a Mauricio. Entonces, los dejé solos hablando, error mío. Cuando termina el cónclave, comenzamos a entrenar y ahí Carlos me comenta que “Caranta no quiere jugar el domingo porque está pasando por un mal momento, tiene un bajón anímico y atravesaba un problema familiar”.

-¿Qué decisión tomaron?

-Que no jugara. Entonces, nos pusimos a pensar en su reemplazante. De esta manera, terminó la práctica, el entrenador fue a hacer la conferencia de prensa, dio los convocados y obviamente Mauricio no estaba entre ellos. Al mismo tiempo, por un costado del pasillo, pasó Caranta que se iba para su casa. En ese momento, lo pararon los periodistas y le preguntaron: ¿Por qué no jugás? Él respondió: “No voy a decir nada”.

-¿Cómo tomó Ischia esa declaración del portero?

-La interpretó como una mala acción, ya que no dio explicaciones. De ahí en más, prácticamente lo separó del plantel. A partir de ese momento, arrancó como titular Pablo Migliore. Mauricio se entrenaba con nosotros, pero Carlos no lo citaba porque decía “conmigo este no juega más”.

-¿Qué clase de persona era Caranta?

-Es un buen chico, una persona que se equivocó en ese momento, nada más. No sé qué problema personal tenía en su casa y las cosas se dieron de esta manera, pero nunca hubo una pelea. Atajó Migliore, luego se lesionó, y fue el turno de Javier García. Pablo era muy amigo de Palermo, ya que compartían la misma habitación, y es un loco lindo, sano. A veces se excedía un poco en la manera de decir la cosas, pero no había hombres jodidos en ese grupo; era un plantel extraordinario.

-Después de todo lo que observó en aquella época, ¿cree que hoy podrían convivir Román y Martín como vicepresidente y entrenador de Boca?

-Boca está buscando entrenador y Palermo está sin trabajo, podrían trabajar juntos, una cosa no quita a la otra; son dos muchachos inteligentes. Que Palermo sea técnico de Boca y Riquelme lo contrate es mucho más importante que la pelea que tuvieron en el vestuario por querer ser uno más que el otro.

-Lo observaba a Hugo Ibarra como futuro entrenador?

-Cuando lo dirigimos en el 2008, el Negro ya tenía la cabeza puesta en ser director técnico. Hablábamos de estrategias, de lo táctico, y de cómo llevar adelante el entrenamiento de arqueros. Hoy, si tiene atributos o no para ser técnico xeneize, lo desconozco. No es fácil ser técnico de ese club, y menos en estas circunstancias.

-¿Qué fue lo más difícil de manejar para el cuerpo técnico en esa época?

-No tuvimos muchos inconvenientes. Más allá de la pelea Palermo-Riquelme, no tuvimos otras peleas en el grupo porque Ischia manejó todo a la perfección. No tuvimos problemas ni con la barra brava ni con los dirigentes. Disfrutamos de aquella época en la que ganamos dos títulos. Quedamos afuera de la Libertadores ante Defensor Sporting, siendo Boca el mejor equipo de la zona. No pudimos cumplir con nuestras aspiraciones y ahí empezó la debacle. En el torneo local, arrancamos mal, sin poder ganar los primeros cinco partidos, y no nos dieron chances de revertir la situación. Quedamos un poco atrás en la tabla y eso en Boca a algunos entrenadores se los perdona, pero a nosotros no.

Angel Celoria
Ángel en el Hindú, donde sigue relacionado al fútbol

-En esa época, ¿quién peleaba los premios con los dirigentes?

-Era un tema muy simple. Se encargaba Palermo de pelear los premios, no Riquelme. Martín hablaba con Pedro Pompilio, ex presidente de la institución. Ambos tenían una muy buena relación. No había dos reuniones para tratar el tema, sino que con una alcanzaba. Llegaba Palermo y decía: “Ya está todo arreglado”. Una maravilla. Durante el año y medio que estuve, no tuve la necesidad de preguntar nunca “¿cuándo pagan?”. Sabías que en determinado día del mes tenías depositado en tu cuenta bancaria el sueldo y los premios. Pedro tenía una llegada muy buena al grupo y fue muy querido, pero sufrimos muchas cosas que nos terminaron perjudicando.

-¿Cómo cuáles?

-La muerte de Pedro Pompillo, que lo sintió mucho el grupo. Además, no tuvimos a Palermo por un año por una lesión en los ligamentos. No contamos con Riquelme porque se fue a jugar los Olímpicos. Tuvimos una serie de dificultades que nunca consideró la dirigencia y nos terminaron echando.

-Después de Boca, ¿se largó solo como entrenador?

-Fui a dirigir a Tiro Federal durante una temporada. Luego, empecé a dirigir en el Hindú club. Ischia se fue al exterior, pero la plata que me ofrecieron no me era apetecible.

-¿Es cierto que lo tuvo a Ricardo La Volpe como asistente cuando estaba en Banfield como entrenador?

-Primero, lo conocí en San Lorenzo cuando me despeñé como ayudante de campo de Alberto Rendo. En esa función, entrenaba a los arqueros y uno de ellos era La Volpe. No existía en esa época el entrenador de goleros. Luego, cuando pasé a dirigir a Banfield, entre 1982 y 1984, tuve a Ricardo como ayudante de campo. Él se había iniciado en el Taladro y vivía a tres cuadras de la cancha. De esta manera, trabajamos un año, antes de que emigrara a México.

-¿Se llevaron bien?

-Sí, es medio loquito, y jamás pensé que iba a ser entrenador, todo un personaje. En San Lorenzo le pedí a Rendo que La Volpe no presenciara la charla técnica porque no le interesaba; no le daba importancia, ya que hacía lo que quería. Le pedía al DT: “Alberto, mejor que no esté Ricardo, si mucho no influye”. Luego, terminó siendo un entrenador excepcional, a pesar de que en Argentina no le fue bien, producto de su temperamento y forma de hablar. Una vez que fui a México a visitarlo, le comenté a La Volpe que “esto en Boca no lo podes hacer”.

-¿Qué había hecho?

-Trataba mal a la gente. El argentino no es como el mexicano, y lo que le dije fue lo que ocurrió. Ricardo despotricaba contra el jugador mexicano y le decía: “Vos no servís para nada, tienes que hacer esto y lo otro”. Es un caso muy especial y algunos futbolistas no lo tomaron a bien. El mexicano es muy sumiso y diferente al argentino, que es más rebelde. Por este motivo, en nuestro país tuvo muchos problemas y no le fue bien, pero es un muy buen técnico.

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