{"id":1097352,"date":"2024-08-20T10:42:33","date_gmt":"2024-08-20T13:42:33","guid":{"rendered":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/2024\/08\/20\/casi-tanto-como-una-eternidad\/"},"modified":"2024-08-20T10:42:33","modified_gmt":"2024-08-20T13:42:33","slug":"casi-tanto-como-una-eternidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/2024\/08\/20\/casi-tanto-como-una-eternidad\/","title":{"rendered":"Casi tanto como una eternidad"},"content":{"rendered":"<p>Por fin se impuso el silencio en la casa. Liliana tuvo que esperar hasta la medianoche para poder desplegar, sobre la mesa de madera, la tela blanca brillante que tra\u00eda doblada en la mochila. Hilo, aguja y d\u00e9cadas en el oficio le eran suficientes para comenzar a hilvanar los primeros puntazos mientras terminaba la entrevista que concedi\u00f3 para esta cr\u00f3nica. Concentrada y pensativa, con firmeza, pero con una cautela inusual, emprendi\u00f3 la faena m\u00e1s importante que jam\u00e1s le hayan encargado. Lo hac\u00eda con valent\u00eda y timidez, con \u00edmpetu y sutileza. Lo hac\u00eda con l\u00e1grimas de alegr\u00eda y con la nostalgia de una ausencia. Lo hac\u00eda con la suavidad de la yema de los dedos.<\/p>\n<p>Liliana Britos naci\u00f3 hace 56 a\u00f1os y es la mayor de cinco hermanos. Su mam\u00e1, adem\u00e1s de llevar adelante las tareas del hogar y de cuidado de la familia, lleg\u00f3 a trabajar en media decena de casas para que nunca les faltase nada. Su pap\u00e1 fue alba\u00f1il toda su vida y, seg\u00fan cuenta Liliana, es un \u201chombre de poco car\u00e1cter que no toma decisiones\u201d. Ahora sale de gira con un grupo musical en donde toca la pandereta y no lo ve casi nunca. Eso en nada cambia el diagrama de jerarqu\u00edas dom\u00e9sticas: su familia es un matriarcado, cuyo eje gravitacional no deja espacio para nada ni nadie m\u00e1s. Es Liliana quien toma, inconsultamente, todas las decisiones del hogar ubicado en el oeste de la ciudad de C\u00f3rdoba, el mismo en el que vivi\u00f3 toda su vida y donde a\u00fan residen sus padres. Si bien modesta y sin ning\u00fan tipo de comodidades, es una vivienda bien conservada y prolijamente pintada, rodeada de casas que parecen estar a punto de implosionar.<\/p>\n<p>Tuvo tres hijas y un hijo con dos hombres a los que nunca am\u00f3 y de los que tampoco habl\u00f3 mal. Ninguno cumpli\u00f3 con lo esperable para una figura paterna. Liliana trabajaba todo el d\u00eda y tuvo que acostumbrarse a dejar durmiendo a sus hijos en cualquier parte. Con 45 a\u00f1os segu\u00eda yendo a la obra a ayudar a su padre porque ella prefer\u00eda \u201cponer el lomo\u201d.<\/p>\n<h3>Primera explosi\u00f3n<\/h3>\n<p>En el d\u00eda de los Santos Inocentes de 1990 naci\u00f3 quien iba a ser la mimada de la familia, Carla Manrique, una de las hijas de Liliana Ni bien cumpli\u00f3 los 18 a\u00f1os, Carla pari\u00f3 a su primera hija, \u201cDana\u201d . Luego vinieron \u201cS\u201d y \u201cM\u201d (se usan nombres ficticios porque son chicos menores de edad). Con cada llegada hab\u00eda una partida: la de los padres de estos ni\u00f1os. Ante el abandono de Dana, Carla inici\u00f3 una acci\u00f3n de filiaci\u00f3n en contra del padre. Esas infancias transcurrieron con muchas carencias y un amor maternal inmenso hasta que las necesidades econ\u00f3micas comenzaron a moldear sus formas de vida. Si bien Carla se las arreglaba para trabajar, a veces vendiendo prendas de ropa cosidas por Liliana, otras veces cuidando a gente mayor, el dinero no alcanzaba para cubrir dos comidas diarias y el mundo social que habitaba no parec\u00eda dispuesto a brindarle muchas oportunidades. Ni siquiera una.<\/p>\n<p>Transcurr\u00eda el a\u00f1o 2018 y Carla viv\u00eda con todos sus hijos en la casa familiar, junto a su hermana Cintia Manrique (tambi\u00e9n madre de tres), adem\u00e1s de su abuelo y de su abuela maternos. Liliana, que entonces cohabitaba con su pareja en otra casa, lleg\u00f3 un d\u00eda de visita. Se sorprendi\u00f3 al ver la fila de personas sobre la vereda esperando a ser atendidas. Pero eso no fue el \u00fanico suceso particular de su breve estad\u00eda: entrando la noche, la puerta de entrada explot\u00f3 y se rompi\u00f3 en mil pedazos. La Polic\u00eda estaba allanando la casa de toda su vida. Se llevaron a Carla que estuvo presa dos meses -luego le dieron arresto domiciliario-, y a Liliana, quien pas\u00f3 ocho meses privada de la libertad. La madre nunca dijo nada sobre lo que sab\u00eda o no sab\u00eda respecto a lo sucedido con su hija. Ambas fueron finalmente condenadas a tres a\u00f1os de c\u00e1rcel de ejecuci\u00f3n condicional por la comercializaci\u00f3n de microdosis de coca\u00edna.<\/p>\n<p>Dicen que en la c\u00e1rcel sobran momentos para la introspecci\u00f3n. Sin embargo, ninguna de ellas estaba pensando todav\u00eda en el 31 de mayo del a\u00f1o 2024.<\/p>\n<h3>Quedar \u201cen banda\u201d<\/h3>\n<p>Situada en el coraz\u00f3n de Argentina, la provincia de C\u00f3rdoba no constituye una excepci\u00f3n respecto a lo que ocurre a nivel nacional y regional con el encarcelamiento de mujeres por microtr\u00e1fico de drogas. En esta provincia, la llamada \u201clucha contra el narcotr\u00e1fico\u201d desplegada por el Estado acab\u00f3 afectando, especialmente, a mujeres pobres expulsadas del mercado laboral, inmersas en un contexto donde las desigualdades de g\u00e9nero se presentan de manera brutal. En el caso cordob\u00e9s, incluso, el microtr\u00e1fico de drogas es una actividad desarrollada, en gran parte, en las propias viviendas donde residen esas mujeres, quienes est\u00e1n a cargo de tareas dom\u00e9sticas y de cuidado, y sostienen econ\u00f3micamente a los suyos. Son, como suele decirse no sin raz\u00f3n, el eslab\u00f3n m\u00e1s d\u00e9bil de la cadena de comercializaci\u00f3n incluso dentro de las propias familias con mayor antig\u00fcedad en el microtr\u00e1fico.<\/p>\n<p>Una de las personas que m\u00e1s conoce este mundo es Patricia Coppola, quien dict\u00f3 clases de Introducci\u00f3n al Derecho para un programa de la Universidad Nacional de C\u00f3rdoba (UNC) en la c\u00e1rcel de mujeres de Bouwer donde, de una forma o de otra, acab\u00f3 enter\u00e1ndose por qu\u00e9 sus alumnas \u201cterminaron presas\u201d. Esta abogada dedic\u00f3 gran parte de su vida a tratar de entender y de explicar esa realidad como profesora titular de Filosof\u00eda del Derecho, directora del seminario de Derechos Humanos de la UNC e integrante del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP). De su contacto con la poblaci\u00f3n de Bouwer extrajo este perfil: \u201cmujeres generalmente j\u00f3venes, que tienen entre 30 y 45 a\u00f1os; casi todas con hijos; solas, o con parejas o ex parejas que en muchos casos tambi\u00e9n est\u00e1n o estuvieron presos. La \u2018clientela\u2019 que atrapa el sistema es pobre y, una vez que entra en la prisi\u00f3n, deja \u2018en banda\u2019 a la familia porque la mayor\u00eda es cabeza de su casa. Adem\u00e1s, son muy poco visitadas (las colas de los d\u00edas de visita en las c\u00e1rceles son de mujeres que van a la prisi\u00f3n de hombres a ver a sus hijos o parejas); sufren el desprecio de la familia, y pierden el contacto con los hijos que quedan, con suerte, en manos de la abuela, o de alguna t\u00eda tambi\u00e9n pobre y llena de hijos\u201d.<\/p>\n<p>La poblaci\u00f3n carcelaria en la Argentina aumenta constantemente y las personas detenidas por delitos descritos en la Ley de Estupefacientes han tenido un crecimiento exponencial. En 2012, C\u00f3rdoba \u201cdesfederaliz\u00f3\u201d la persecuci\u00f3n del microtr\u00e1fico de drogas, lo que en la pr\u00e1ctica signific\u00f3 la provincializaci\u00f3n de la pol\u00edtica criminal respecto de este tipo de hechos, ahora a cargo de la Justicia local. Se crearon nuevos fueros y fuerzas de seguridad, lo que multiplic\u00f3 la criminalizaci\u00f3n femenina: el n\u00famero de las mujeres detenidas por microtr\u00e1fico de drogas creci\u00f3 entre 2012 (a\u00f1o de la desfederalizaci\u00f3n) y 2021 el 255,55% en t\u00e9rminos absolutos, seg\u00fan el estudio \u201cPr\u00e1cticas y sentidos en la criminalizaci\u00f3n de las mujeres detenidas por drogas: fronteras entre el derecho y las violencias\u201d de las investigadoras Laura Judith S\u00e1nchez, Rita Herrera y Ang\u00e9lica Rossana Gauna (2022). Mientras tanto, \u00bfqu\u00e9 ocurre con los que proveen de droga a esas mujeres que luego ser\u00e1n encarceladas? \u00bfQui\u00e9nes son? Los estudios acad\u00e9micos sobre el asunto son elocuentes: el sistema judicial est\u00e1 encarcelando a mujeres en situaci\u00f3n de vulnerabilidad que, en la mayor\u00eda de los casos, han intentado \u2013infructuosamente\u2013 acceder al mercado laboral. Es decir, personas con escas\u00edsimas posibilidades de movilidad social, con roles claramente asignados y que siempre ocupan el extremo m\u00e1s fr\u00e1gil de una cuerda que se contorsiona en forma de horca.<\/p>\n<p>\u201cHay historias tremendas\u201d, apunta Coppola. Y subraya que la c\u00e1rcel y el sistema penal son manifestaciones del patriarcado que se ensa\u00f1an particularmente con las mujeres: \u201ctambi\u00e9n es recurrente que las que llegan a Bouwer hayan sido v\u00edctimas de maltrato por parte de padres, hermanos y parejas. Casi ninguna mujer ingresa all\u00ed sin haber recorrido un largo camino de exclusi\u00f3n y de violencia social previa. No quiero \u2018romantizarlas\u2019, pero de lo que estoy segura es que la criminalizaci\u00f3n no aporta soluciones al problema de la comercializaci\u00f3n de estupefacientes ni mucho menos produce la mentada resocializaci\u00f3n de su \u2018clientela\u2019 pobre y vulnerable. Muchas mujeres, cuando salen de la c\u00e1rcel, no tienen trabajo ni a d\u00f3nde volver. Y as\u00ed el c\u00edrculo de la marginalidad es constante\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hace el Estado ante esto? \u00bfCu\u00e1l es el sentido de destinar cuantiosos recursos p\u00fablicos a delitos menores no violentos y a la persecuci\u00f3n de un sector social al que el propio Poder Judicial reconoce como el m\u00e1s d\u00e9bil de la cadena de comercializaci\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo abordar un sistema de justicia sin enfoque de g\u00e9nero, que no tiene en cuenta que muchas mujeres a\u00fan siguen siendo las responsables de las tareas de cuidado, y que parece m\u00e1s preocupado en mostrar \u201cresultados\u201d sin tener mayor impacto real en el mercado ilegal?<\/p>\n<p>A Coppola le parece m\u00e1s que evidente que los \u201ckioscos\u201d de drogas montados en las casas de familia son salidas para mujeres que no tienen c\u00f3mo generar otros ingresos. Y apunta: \u201clas \u2018perejiles\u2019 que van a la c\u00e1rcel por vender porros o coca\u00edna en formato \u2018raviol\u2019 no inciden absolutamente en nada en la \u2018lucha contra el narcotr\u00e1fico\u2019. Si lo que se quiere es combatirlo, el resultado ha sido de derrota. Si se busca \u2018resocializar\u2019 a las mujeres, tambi\u00e9n hay una derrota. Si se quiere castigar a las vendedoras hay un \u00e9xito. Si se persigue tranquilizar a la sociedad, no creo que se haya logrado. Si el objetivo es estigmatizar: \u00e9xito. Y as\u00ed podr\u00eda seguir\u2026 Las cifras federales relacionadas con el narcotr\u00e1fico o narcolavado no son nada serias: por supuesto que poco \u00e9xito ah\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>Ante la contundencia de los resultados, \u00bfpor qu\u00e9 el sistema penal aborda la problem\u00e1tica de esta manera? \u201cLa finalidad de la c\u00e1rcel no se cumpli\u00f3 ni se cumple nunca\u201d, afirma la especialista. \u00bfQu\u00e9 hacen estas mujeres muros adentro de la prisi\u00f3n? Coppola contesta: \u201ces muy bajo el porcentaje que decide estudiar, lo que es sin\u00f3nimo de querer superarse en alg\u00fan caso y de ganar puntos para salidas anticipadas en la mayor\u00eda de las situaciones. Las mujeres sufren un enorme s\u00edndrome depresivo dentro de la c\u00e1rcel, y casi todas toman medicaci\u00f3n antidepresiva o de ese tipo. Todas realizan tareas dom\u00e9sticas de limpieza o en la cocina, y las quejas principales son de tres tipos: las reglas de la instituci\u00f3n, que consideran irracionales; la p\u00e9rdida de contacto con los hijos y la atenci\u00f3n de los abogados que llevan sus casos que, salvo excepciones, aparecen poco\u201d.<\/p>\n<h3>Segunda explosi\u00f3n<\/h3>\n<p>Con Liliana presa, Carla y Cintia asumieron su lugar: tomaban las decisiones y solventaban los gastos de todas las personas que viv\u00edan con ellas , que en ese momento llegaban a 12. Cuando Liliana recuper\u00f3 la libertad y regres\u00f3 a la casa, su casa, nada hab\u00eda cambiado. La fotograf\u00eda cotidiana era exasperante y se repet\u00eda como un latigazo: Carla trabajaba todo el d\u00eda -cuidando ahora a un anciano, vendiendo ropa confeccionada por Liliana y haciendo de las m\u00e1s variadas changas-, pero segu\u00eda sin llegar a cubrir las necesidades b\u00e1sicas. A su hijo le hab\u00edan diagnosticado una enfermedad en la piel que requer\u00eda de cremas que exced\u00edan sus posibilidades econ\u00f3micas y a Dana hab\u00eda que volver a operarla de los huesos por la displasia esquel\u00e9tica que sufr\u00eda desde el parto. La presi\u00f3n econ\u00f3mica la asfixiaba y ya no pod\u00eda pensar.<\/p>\n<p>Era septiembre de 2022: faltaban menos de dos a\u00f1os para el 31 de mayo de 2024. Para entonces, esa fecha ya se hab\u00eda convertido en la moldura sobre la que ella, Carla, su madre y su hija planificar\u00edan sus meses venideros: un proyecto vital que las manten\u00eda ocupadas y anhelantes, y, al mismo tiempo, un pa\u00f1uelo que no las dejaba respirar.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed que volvi\u00f3 a aparecer la salida laboral vinculada al microtr\u00e1fico de drogas (por la que Carla va a ser juzgada pr\u00f3ximamente). Y la nueva orden de allanamiento lleg\u00f3 una noche de noviembre de 2023, cuando una brecha mec\u00e1nica hizo explotar, otra vez, la puerta de ingreso familiar. Liliana, que nuevamente no estaba en la casa, su casa, pudo ver desde la esquina c\u00f3mo se llevaban a sus hijas. Hubiese querido saltar la faja roja y blanca que cerraba la calle para abrazarlas, y decirles que iba a estar todo bien, que no se preocuparan porque ella cuidar\u00eda bien de su media docena de nietos. Habr\u00eda querido explicarle a la Polic\u00eda muchas cosas, pero sab\u00eda que, por sus antecedentes, si la ve\u00edan por la zona, su libertad estar\u00eda en peligro.<\/p>\n<p>Se qued\u00f3 petrificada, contemplando a la distancia un procedimiento que dur\u00f3 varias horas. Luego, Liliana consigui\u00f3 acercarse casi hasta la faja que delimitaba el per\u00edmetro de seguridad, escabull\u00e9ndose entre una muchedumbre compuesta casi en su totalidad por vecinos del barrio. El expediente judicial dir\u00e1 que la Polic\u00eda, antes del allanamiento, pudo averiguar que \u201clos vecinos se encontraban molestos porque se formaban juntaderos de chicos que consum\u00edan en los alrededores\u201d, pero el recuerdo de aquella peque\u00f1a marea de gente que lloraba ante el accionar implacable del sistema penal, lati\u00f3 en los ojos de Liliana durante toda la entrevista. Antes de agacharse para ingresar al m\u00f3vil policial, Carla sinti\u00f3 c\u00f3mo la mirada de su madre se clavaba en la capucha negra que le cubr\u00eda su rostro. Entre sollozos vecinales y sin ning\u00fan tipo de contacto visual, ninguna de las dos parec\u00eda pensar en otra cosa que no fuera el 31 de mayo de 2024.<\/p>\n<p>El delito que le atribu\u00edan a Carla era id\u00e9ntico al de 2018: venta de coca\u00edna en cantidades m\u00ednimas para el consumo, pero esta vez estaba lejos la posibilidad de transitar el juicio en libertad. En abril de 2024, Carla cumpli\u00f3 cinco meses en prisi\u00f3n y estaba aguardando la elevaci\u00f3n de su causa a juicio oral. Cintia, en cambio, sali\u00f3 a las cuatro semanas del allanamiento, ya que no ten\u00eda antecedentes penales.<\/p>\n<p>Faltaba un mes para la gran noche y a Carla ya no le importaba su futuro ni si la comida en la c\u00e1rcel exhalaba un hedor nauseabundo. Sab\u00eda que le quedaba una \u00faltima carta, un todo o nada. Toc\u00f3 las puertas de la Justicia y pidi\u00f3 el arresto domiciliario. Las razones invocadas eran muchas, pero podr\u00edan resumirse en que su hijo e hijas la necesitaban. Se necesitaban.<\/p>\n<p>La respuesta negativa de la maquinaria judicial no tard\u00f3 en llegar.<\/p>\n<p>Uno de los fundamentos para denegar el arresto domiciliario y dictar la prisi\u00f3n preventiva fue que, en el caso de recuperar la libertad, Carla volver\u00eda a compartir el entorno con los testigos y aquellos quedar\u00edan en una situaci\u00f3n comprometida. Tambi\u00e9n se dijo que una vecina afirmaba que las hermanas (Cintia y Carla) ten\u00edan muchos amigos en el barrio que les avisaban cuando hab\u00eda movimiento de personas extra\u00f1as o cuando la Polic\u00eda andaba rondando, \u201clos com\u00fanmente denominados teros\u201d. El golpe fulminante a la esperanza de Carla de volver a casa, su casa, enunciaba que ella era \u201cel \u00faltimo eslab\u00f3n de la cadena delictiva\u201d. Y le atribu\u00eda un estatus ambiguo: \u201caunque quepa ubicarla all\u00ed, las evidencias recabadas (&#8230;) permiten ubicarla en un grado diferente al com\u00fan denominador, dentro de los vendedores minoristas\u201d. Muchas preguntas surgen de esta caracterizaci\u00f3n judicial, pero la m\u00e1s importante es cu\u00e1l ser\u00eda la condici\u00f3n especial de Carla. Su realidad es, como refiere Coppola y seg\u00fan los pocos datos disponibles, la de una mujer com\u00fan que habita el sinsentido del sistema penal siempre dispuesto a ser inclemente con biograf\u00edas como la suya.<\/p>\n<p>Si algo puede destacarse de la resoluci\u00f3n es la pertinencia de su alusi\u00f3n a los teros: si Carla volv\u00eda al barrio, a su casa de toda la vida, seguramente la esperar\u00eda aquella marea peque\u00f1a con forma de ave que chilla en defensa de sus huevos.<\/p>\n<h3>Rosa princesa<\/h3>\n<p>Siete puertas de m\u00e1xima seguridad separaban a Carla del cielo. Aguardaba ser llamada sentada en una banqueta de color blanco deste\u00f1ido ubicada en el patio interno del establecimiento penitenciario. Con las rodillas pegadas y con claras muestras de estar pasando fr\u00edo, calentaba sus manos, que eran las manos de Liliana, frot\u00e1ndolas sobre sus muslos. Lo hac\u00eda con la fuerza de quien intenta desarmar una contractura muscular. Lo hac\u00eda, tambi\u00e9n, con la suavidad de la yema de sus dedos.<\/p>\n<p>El ingreso fue muy r\u00e1pido, confirmando aquella particularidad destacada por la experta del INECIP: mientras que en el lado de los hombres largas filas de mujeres y ni\u00f1as se amontonaban esperando su turno, nadie parec\u00eda visitar a las mujeres. Luego de escuchar su nombre, tom\u00f3 asiento en un box con escasa iluminaci\u00f3n y comenz\u00f3 a observar la situaci\u00f3n a trav\u00e9s de sus anteojos empa\u00f1ados. Detr\u00e1s de dos gruesos vidrios que parec\u00edan monedas de agua, asomaban amorfos sus peque\u00f1os ojos marrones. Su mirada luc\u00eda aturdida y su cuerpo, escu\u00e1lido. Hablaba por medio del tubo y el sonido de su voz corr\u00eda como un arroyo a punto de secarse. Acababa de recibir una noticia devastadora: tras el rechazo de la prisi\u00f3n domiciliaria que hab\u00eda solicitado, una de las mujeres de su familia se hab\u00eda realizado cortes en los brazos. Dec\u00eda sentir que la Justicia era injusta otra vez con ella, como lo fue toda la vida: esa negativa sepultaba su ilusi\u00f3n de compartir con su hija y con su madre el 31 de mayo de 2024.<\/p>\n<p>Las popularmente conocidas \u201cfiestas de quince\u201d, en tanto rituales celebratorios, coagulan un universo de sentidos dif\u00edciles de encasillar, tanto para la cumplea\u00f1era como para quienes habitan, con sus relatos y evocaciones, ese evento \u00fanico e irrepetible. Elegantes vestidos, bailes y bebidas dan contexto a un suceso tan simple como cumplir a\u00f1os y, al mismo tiempo, de una profundidad insondable. Carla no pudo hacer fiesta porque el dinero no alcanzaba. Cuando piensa en ese momento recuerda que su madrina -hermana de su abuela materna- le regal\u00f3 una torta y se juntaron una tarde, alrededor de la mesa, a comer y contar historias de quincea\u00f1eras.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el 31 de mayo del a\u00f1o 2024 y Carla flota en la soledad de su celda. No podr\u00e1 asistir a lo que m\u00e1s dese\u00f3 en su vida: la fiesta de quince de su hija mayor, que se celebrar\u00e1 en el sal\u00f3n de fiestas del barrio que Carla alcanz\u00f3 a pagar antes de perder, por segunda vez, su libertad. Ah\u00ed, a solo 300 metros de donde se llevaron a su madre, t\u00eda y abuela. De donde su padre escap\u00f3 hace casi quince a\u00f1os para no volver nunca m\u00e1s.<\/p>\n<p>La ausencia f\u00edsica de Carla en nada afectaba la organizaci\u00f3n del evento: desde la c\u00e1rcel y a trav\u00e9s de su prima, dise\u00f1aba tarjetas de invitaci\u00f3n, propon\u00eda decoraciones y hasta fantaseaba con mandar algunas sorpresas. Liliana ser\u00eda la encargada de hacer los vestidos de las mujeres de la familia y, por supuesto, el de la cumplea\u00f1era. Cintia har\u00eda de madrina y sus hijos mellizos \u2013de 13 a\u00f1os\u2013 de padrinos. Carla insist\u00eda en que el vestido \u201crosa princesa\u201d que hab\u00edan elegido antes de que la Polic\u00eda se la llevara era m\u00e1s lindo que el cors\u00e9 blanco \u2013con una parte corta, y otra larga y rosa\u2013 que estaba apuntalando Liliana. Pero Dana segu\u00eda enojada con ella y ya no la escuchaba. \u201cLa \u00faltima vez que me visit\u00f3, no me dej\u00f3 abrazarla\u201d, recuerda Carla.<\/p>\n<p>Poco antes del final de la conversaci\u00f3n, lleg\u00f3 el momento de preguntar sobre aquello que no pod\u00eda ser nombrado:<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 te genera pensar en esa noche y c\u00f3mo te imaginas en ese momento?<\/p>\n<p>-Dana fue siempre m\u00eda sola, a diferencia de los otros dos, que tuvieron alg\u00fan tipo de contacto con sus padres. Dana no. Le di a elegir entre eso y un regalo, pero ella siempre so\u00f1\u00f3 con ese momento\u2026 \u00bfC\u00f3mo me imagino? Llorando. As\u00ed me imagino.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 le dir\u00edas en la fiesta?<\/p>\n<p>-Que la amo\u2026 [se le quiebra la voz y retoma luego de unos segundos] Y que me perdone.<\/p>\n<p>Carla se despide con pesadumbre y emprende su regreso, sabiendo que tendr\u00e1 que esperar algunas horas para volver a sentir alg\u00fan rayo de sol. Pagar\u00eda con a\u00f1os de c\u00e1rcel -m\u00e1s, incluso, de los que le esperan- por estar sentada en esa mesa blanca al lado de la sonrisa de Dana y de las 127 personas invitadas. O para volar como una mosca y contemplar, entre flashes y humo, a esos cuerpos transpirados de j\u00fabilo bailando alrededor de su hija como si fuera la \u00faltima noche de sus vidas.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s algo de Carla muera esa madrugada. Tal vez Liliana y Dana -sobre el final del vals y antes de la mesa dulce- se quiebren como una mand\u00edbula cuando evoquen el contorno de su figura encerrada. Pero las tres saben que, despu\u00e9s de todo, se tienen ellas. Y que una marea de gente les ofrecer\u00e1 sus l\u00e1grimas cuando las ganas de seguir peleando comiencen a apagarse. Porque sienten que esa noche podr\u00e1 ser rememorada, siempre, como una celebraci\u00f3n trascendental en sus vidas. Descifran que con s\u00f3lo un cerrar de ojos, ser\u00e1 suficiente para revivir los significados y relatos construidos y que se seguir\u00e1n gestando en torno a aqu\u00e9lla festividad. Ellas saben c\u00f3mo hacerlo, solo tienen que capturar la fugacidad de aquel ritual inolvidable para prolongarlo casi tanto como una eternidad.<\/p>\n<p>*Esta cr\u00f3nica fue elaborada con el apoyo de la Red Federal de Periodismo Judicial. Se trata de un trabajo period\u00edstico vinculado al <a href=\"https:\/\/drive.google.com\/file\/d\/1s6EdX32qE1LUZF81vGsm5fO4vDiStG9G\/view?usp=drive_link\" rel=\"noreferrer noopener\" target=\"_blank\">informe \u201cMujeres y microtr\u00e1fico de drogas. Punto ciego de la Justicia argentina\u201d<\/a> y publicada en <a href=\"https:\/\/justa.acij.org.ar\/articulos\/casi-tanto-como-una-eternidad\" rel=\"noreferrer noopener\" target=\"_blank\">JusTA<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por fin se impuso el silencio en la casa. Liliana tuvo que esperar hasta la medianoche para poder desplegar, sobre la mesa de madera, la tela blanca brillante que tra\u00eda doblada en la mochila. Hilo, aguja y d\u00e9cadas en el oficio le eran suficientes para comenzar a hilvanar los primeros puntazos mientras terminaba la entrevista que concedi\u00f3 para esta cr\u00f3nica. Concentrada y pensativa, con firmeza, pero con una cautela inusual, emprendi\u00f3 la faena m\u00e1s importante que jam\u00e1s le hayan encargado. Lo hac\u00eda con valent\u00eda y timidez, con \u00edmpetu y sutileza. Lo hac\u00eda con l\u00e1grimas de alegr\u00eda y con la nostalgia de una ausencia. Lo hac\u00eda con la suavidad de la yema de los dedos.<br \/>\nLiliana Britos naci\u00f3 hace 56 a\u00f1os y es la mayor de cinco hermanos. Su mam\u00e1, adem\u00e1s de llevar adelante las tareas del hogar y de cuidado de la familia, lleg\u00f3 a trabajar en media decena de casas para que nunca les faltase nada. Su pap\u00e1 fue alba\u00f1il toda su vida y, seg\u00fan cuenta Liliana, es un \u201chombre de poco car\u00e1cter que no toma decisio..<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1097353,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[40],"tags":[],"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/720-858.jpe","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1097352"}],"collection":[{"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1097352"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1097352\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1097353"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1097352"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1097352"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1097352"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}