{"id":1243006,"date":"2025-12-28T07:58:47","date_gmt":"2025-12-28T10:58:47","guid":{"rendered":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/2025\/12\/28\/sensualidad-y-fidelidad-partituras-de-amor-entre-el-senor-negro-y-bruno-gelber\/"},"modified":"2025-12-28T07:58:47","modified_gmt":"2025-12-28T10:58:47","slug":"sensualidad-y-fidelidad-partituras-de-amor-entre-el-senor-negro-y-bruno-gelber","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/2025\/12\/28\/sensualidad-y-fidelidad-partituras-de-amor-entre-el-senor-negro-y-bruno-gelber\/","title":{"rendered":"Sensualidad y fidelidad: partituras de amor entre el se\u00f1or negro y Bruno Gelber"},"content":{"rendered":"<p>1.<\/p>\n<p>\u00c9l est\u00e1 sentado sobre su lugar en el mundo. Lleva su cara descubierta, el cronista de pie al lado del piano tiene el barbijo que retiene sus preguntas. &quot;\u00bfC\u00f3mo es tu relaci\u00f3n con este se\u00f1or negro?&quot;, a lo que responde: &quot;muy sensual&quot;. Desde ni\u00f1o este hombre vive, y lleva ya 80 a\u00f1os, dedicado a la sensualidad del piano. Entonces fidelidad y sensualidad podr\u00edan ser dos lugares por donde empezar a escuchar a Bruno Gelber, el alumno de Scaramuzza, el compa\u00f1erito de Argerich y Barenboim, el prodigio, el exc\u00e9ntrico, el cursi, uno de los tesoros musicales de la naci\u00f3n.<\/p>\n<p>Quisiera no escribir sobre el &quot;car\u00e1cter&quot; o el &quot;virtuosismo&quot; de un int\u00e9rprete, mucho menos de sus &quot;caprichos&quot;. Ejecutar, jugar, encender un instrumento y dar vida a un texto musical es una actividad que en nuestra cultura genera un amor alucinado, una rabia enloquecedora, una pasi\u00f3n por la abstracci\u00f3n de la composici\u00f3n transformada en materia sonora. Entonces se establecen mitolog\u00edas que normalizan o naturalizan, tranquilizan y estabilizan ese acontecimiento por medio de una explicaci\u00f3n. &quot;Esto que me pasa en el alma ocurre porque Gelber es un prodigio, su talento innato hace lo que otros pianistas no pueden&quot;, &quot;\u00c9l entiende a Beethoven porque los dos llevan un cuerpo enfermo que la m\u00fasica protege y sana&quot;, &quot;Su interpretaci\u00f3n de Liszt es perfecta por sus estudios obsesivos en las noches que recuerda las indicaciones de Scaramuzza o su estad\u00eda en Francia&quot;.<\/p>\n<p>En todo caso, creer en un mito, sea este de car\u00e1cter rom\u00e1ntico o naturalista, cient\u00edfico o literario, no entorpece la capacidad del fen\u00f3meno musical en generar belleza, y tampoco podemos decir que un int\u00e9rprete conmueva solo por las connotaciones fant\u00e1sticas que el mito imprime en \u00e9l.<\/p>\n<p>2.<\/p>\n<p>En junio de 1977 Bruno Gelber da una clase magistral a partir de &quot;Un sospiro&quot; de Liszt en el contexto de una serie de homenajes a Vicente Scaramuzza. En el transcurso de la lecci\u00f3n Gelber detiene al alumno y le dice que se ha enojado con el piano. Para explicarse mejor dice: &quot;Con el piano no hay que enojarse nunca, porque si te enojas con el piano te contesta igualito. No hay mejor amigo que el piano, te contesta de la misma manera que lo tratas&quot;. Tiene apenas 36 a\u00f1os, falta mucho en su carrera, pero Gelber ya puede exponer un principio universal de interpretaci\u00f3n pian\u00edstica. Como toda m\u00e1xima, como todo discurso did\u00e1ctico, re\u00fane en su brevedad una dimensi\u00f3n epist\u00e9mica \u2014un saber\u2014 y una orientaci\u00f3n afectiva \u2014un sentimiento\u2014; unir esos dos mundos es quiz\u00e1s el trabajo de toda una vida de quien busca acompa\u00f1ar a la m\u00fasica o a estudiantes. Sin embargo, interpretar este principio \u2014que podr\u00eda ser una ley o el fundamento de una po\u00e9tica y pol\u00edtica de la interpretaci\u00f3n de Gelber\u2014 resulta arriesgado. \u00bfQu\u00e9 significa que un piano se enoje? \u00bfPostula este enunciado una suerte de simetr\u00eda afectiva entre m\u00e1quina y humano, entre t\u00e9cnica y naturaleza, entre t\u00edtere y titiritero? Pues bien, no hay ventriloquia posible en Gelber. Quien toca el piano no lo hace como si hiciera hablar una marioneta. M\u00e1s bien el int\u00e9rprete tiene un di\u00e1logo con el instrumento.<\/p>\n<p>La prosopopeya, es decir la personificaci\u00f3n y atribuci\u00f3n de propiedades &quot;humanas&quot; a un objeto \u2014en este caso el enojo del piano\u2014, como po\u00e9tica supone que para Gelber los objetos no son solo objetos; hay que escuchar su m\u00fasica, pero tambi\u00e9n su subjetividad, su humanidad impl\u00edcita o latente. Gelber es hospitalario con los objetos, reconoce en ellos una vida, una percepci\u00f3n, una pasi\u00f3n; en alg\u00fan sentido es un fetichista, es el pianista kitsch. No porque re\u00fana esa afectaci\u00f3n barroca y pop de los productos industriales masificados, que llegan como en contenedores de pa\u00edses manufactureros que venden basura, ropa de imitaci\u00f3n y trucher\u00edas al tercer mundo. Lo kitsch en Gelber es la percepci\u00f3n de belleza y vitalidad en lo que parece un residuo de la actividad humana. Los objetos viven y deben ser tratados como tal. Antes de cortar con esta filosof\u00eda barata \u2014solo por ahora\u2014, vale la pena subrayar que la idea que cada int\u00e9rprete tiene sobre sus elementos de trabajo \u2014el instrumento, el texto musical, la tradici\u00f3n, el p\u00fablico, etc.\u2014 se vuelve fundamental para encontrar su propia forma, su dignidad, su deseo de m\u00fasica.<\/p>\n<p>Es por una fidelidad a su propio sistema y po\u00e9tica, por fidelidad a la naturaleza externa y silvestre de su piano, &quot;ese se\u00f1or negro&quot;, por lo que Gelber desea una musicalidad sensible: para entregarse al instrumento, para someterse a sus \u00f3rdenes y su cuerpo, para llevar el texto de lo virtual y espiritual a lo actual y carnal, a una especie de musicalidad diligente de la partitura, en el que se combina la sensualidad y la fidelidad. No se trata aqu\u00ed de seguir una pureza ideal de lo que la partitura evoca, ni del puro goce sensual de la escucha que conmueve el psiquismo de quien oye. Se trata de una fidelidad rom\u00e1ntica, entre amigos y amantes de naturaleza heterog\u00e9nea, el pianista y el piano, el objeto y el int\u00e9rprete.<\/p>\n<p>En el \u00faltimo cuarto de siglo distintos movimientos \u2014el realismo especulativo, los nuevos materialismos, la ontolog\u00eda orientada a objetos\u2014 vienen expresando un pensamiento filos\u00f3fico que pone en el centro de la escena la existencia de los objetos independientemente de la percepci\u00f3n humana. La musicalidad orientada a objetos de Bruno Gelber \u2014perd\u00f3nenme los fil\u00f3sofos serios del mundo\u2014 radica en subrayar o mantener presente la existencia del piano; en alg\u00fan sentido existe otro mundo adem\u00e1s del que pertenece al int\u00e9rprete y el p\u00fablico, hay un mundo de los pianos, tocar m\u00fasica es mantenerse comunicado con \u00e9l, que ambos se encuentren, que se acoplen, que se rocen.<\/p>\n<p>3.<\/p>\n<p>No podr\u00eda haber sensualismo si no se considerara que el piano no es una mera objetualizaci\u00f3n o materia que organiza tonos y semitonos. El piano es un cuerpo, es donde vive el s\u00edntoma de la m\u00fasica. Lo teratol\u00f3gico, lo abyecto, lo fascinante, es que un pianista como Gelber busca que ambos cuerpos se fusionen, como un centauro que cabalga en un bosque solitario bajo la luna llena de Beethoven. Es inevitable notar que Gelber es un nict\u00f3filo (dijo alguna vez: &quot;me encanta la noche, no por lo que se hace durante la noche sino por lo que se siente&quot;), se orienta a las composiciones m\u00e1s oscuras, al estudio nocturno; all\u00ed donde se necesita luz.<\/p>\n<p>En otra oportunidad en sus clases del 77, Gelber le dice a un estudiante: &quot;Una nota por m\u00e1s pianissimo que sea tiene que estar siempre iluminada, es decir que la corriente, ll\u00e1malo como te guste, aquella cosa que no se sabe qu\u00e9 es, ese sentimiento que es todo lo que puedas tener para iluminarla&quot;.<\/p>\n<p>Al pianista le corresponde entonces la chispa de sensualidad en su relaci\u00f3n con el instrumento, no debe martillear o digitar, sino iluminar las notas. Gelber, a pesar de cierta imagen descontracturada y caprichosa, es un gran estudioso, a su talento se le sum\u00f3 la disciplina; aun as\u00ed parece mantener creencias metaf\u00edsicas en torno a la m\u00fasica. De ah\u00ed viene la imposibilidad de nombrar lo que el int\u00e9rprete le da al piano.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s ya sabemos lo que nos da el piano: su amistad y una felicidad eterna.<\/p>\n<figure> <iframe src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/VPFytXu_YT8?start=1&amp;feature=oembed&amp;autoplay=0\"><\/iframe><figcaption>Bruno Gelber en C\u00f3rdoba <\/figcaption><\/figure><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1.<br \/>\n\u00c9l est\u00e1 sentado sobre su lugar en el mundo. Lleva su cara descubierta, el cronista de pie al lado del piano tiene el barbijo que retiene sus preguntas. \u00ab\u00bfC\u00f3mo es tu relaci\u00f3n con este se\u00f1or negro?\u00bb, a lo que responde: \u00abmuy sensual\u00bb. Desde ni\u00f1o este hombre vive, y lleva ya 80 a\u00f1os, dedicado a la sensualidad del piano. 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