{"id":1258612,"date":"2026-03-04T06:58:19","date_gmt":"2026-03-04T09:58:19","guid":{"rendered":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/2026\/03\/04\/la-desilusion-de-los-mamiferos-la-ballena-se-despide-exitosamente-del-teatro-comedia\/"},"modified":"2026-03-04T06:58:19","modified_gmt":"2026-03-04T09:58:19","slug":"la-desilusion-de-los-mamiferos-la-ballena-se-despide-exitosamente-del-teatro-comedia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/2026\/03\/04\/la-desilusion-de-los-mamiferos-la-ballena-se-despide-exitosamente-del-teatro-comedia\/","title":{"rendered":"La desilusi\u00f3n de los mam\u00edferos: \u201cLa Ballena\u00bb se despide exitosamente del Teatro Comedia"},"content":{"rendered":"<p>&quot;Todo el tiempo me recordaba no dejarme acorralar por la humillaci\u00f3n, todo all\u00ed era luminoso y mis manadas se desconciertan en la luz, nosotros somos bestias de penumbra, todos los que soy, todos los que fui tambi\u00e9n en ese mediod\u00eda, somos bestias de penumbra&quot;. <br \/>(Juli\u00e1n L\u00f3pez, La ilusi\u00f3n de los mam\u00edferos)<\/p>\n<p>La temporada de verano 2026 llega a su final. Todo parece volver: la actualidad y la conversaci\u00f3n de rutina, la escuela y el trabajo, la ansiedad por lo cotidiano. En este momento crepuscular existe la costumbre mitol\u00f3gica de hacer balances -m\u00e1s relevantes a las industrias culturales y tur\u00edsticas que al campo del arte-, \u00bfcu\u00e1ntas entradas vendieron cines, teatros, festivales?, \u00bfa d\u00f3nde fueron, de d\u00f3nde vinieron consumidores, turistas o espectadores? Quiz\u00e1s, en estos d\u00edas uno de los eventos teatrales m\u00e1s fuertes -concurridos comercialmente e intensos dram\u00e1ticamente- de la oferta cordobesa sea La ballena, obra de Samuel Hunter adaptada al cine en 2022 por Darren Aronofsky y vuelta a trasponer al teatro en nuestro pa\u00eds en una versi\u00f3n protagonizada por Julio Ch\u00e1vez y dirigida por Ricky Pashkus. Durante el a\u00f1o pasado los medios porte\u00f1os dieron muestras de la repercusi\u00f3n de esta obra cuyo estreno en el Paseo La Plaza fue tambi\u00e9n motivo de celebraci\u00f3n. Viernes, s\u00e1bados y domingos de febrero, el teatro comedia de nuestra ciudad fue desbordado por el p\u00fablico -quiz\u00e1s llevado por Ch\u00e1vez, por el reconocimiento de la versi\u00f3n cinematogr\u00e1fica en los oscars o por la prensa nacional-, fue una obra, a pesar del encarecimiento de la canasta b\u00e1sica y de la situaci\u00f3n espec\u00edficamente compleja de las industrias creativas, construida para agotar localidades.<\/p>\n<p>La popularidad del argumento en cuesti\u00f3n es tal que no vale la pena aqu\u00ed reincidir en la s\u00edntesis de la narraci\u00f3n, pero s\u00ed podr\u00edamos presentar algunas ideas situadas, contingentes y materiales que surgen de la representaci\u00f3n material del evento teatral, a salvo de la reproductibilidad y la costumbre de lo estabilizado. Lo esc\u00e9nico siempre ofrece un movimiento al pensamiento, una torcedura, algo que aprovecha cada ocasi\u00f3n para actualizar el sentido. En virtud de este raro car\u00e1cter aur\u00e1tico, quisiera ensayar una zona de apuntes.<\/p>\n<p>La posibilidad de un cuerpo siempre es inquietante, a\u00fan cuando la caracterizaci\u00f3n sea exuberante -el vestuario, esa otra piel que ayuda a creer que Ch\u00e1vez tiene un cuerpo en estado de angustia expansiva, en derrumbe psico-f\u00edsico, en la v\u00eda melanc\u00f3lica de quien soporta una p\u00e9rdida-, la materia vital, voraz, vibrante de la carne transporta, l\u00edneas de di\u00e1logo, movimientos cifrados en la improvisaci\u00f3n o una didascalia ausente, pero sobre todo un tipo de afectaci\u00f3n pegajosa. Esto lo logran todos los personajes de La ballena, quiz\u00e1s sobre todo Manuel Yantorno, quien interpreta a la hija del protagonista, y su voz expresa una oralidad, ligeramente rioplatense, totalmente nacional. (En otro lugar, donde se discutan los artes y los peligros de la traducci\u00f3n y la transposici\u00f3n textual de obras esc\u00e9nicas a cinematogr\u00e1ficas -o viceversa-, se podr\u00eda pensar esa bella irrupci\u00f3n del lenguaje de los argentinos -boludo, porro-, en la voz de adolescente rebelde que canaliza Yantorno). M\u00e1s all\u00e1 de lo espectacular del traje, esa armadura que cubre al personaje de Ch\u00e1vez del filo del mundo exterior, quiz\u00e1s la operaci\u00f3n actoral m\u00e1s impactante -o eso result\u00f3 para la precaria y singular subjetividad de quien escribe- venga de la composici\u00f3n del tono, la m\u00e9trica de los movimientos y sonidos de la respiraci\u00f3n, la auricularizaci\u00f3n de un cuerpo agotado, que reniega de las visitas demandantes del exterior, que intenta acercarse a un objeto de amor que lo rechaza una y otra vez. La voz de Ch\u00e1vez, no sus palabras o di\u00e1logos, su materialidad f\u00f3nica construida con la artesan\u00eda de la modulaci\u00f3n, es uno de los prodigios de esta obra.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s una dificultad para la expectaci\u00f3n radique en que se trata de una obra atestada de sentido, todo connota, cada operaci\u00f3n significante expresa lazos de relaciones intertextuales tan densas que terminan por ahogar el modesto n\u00facleo narrativo. Los temas y los s\u00edmbolos, el car\u00e1cter de los personajes, los gestos estereotipados, dan la impresi\u00f3n de que hay un exceso. La impresi\u00f3n o el riesgo de construir un relato a partir de tantas referencias y discursos previos -la biblia, el canon de la literatura de lengua inglesa- es construir una red, algo que contiene, pero que a la vez deja caer, el agua o la vida que por ella se filtra; proliferan en esta obra puntos ciegos filos\u00f3ficos y pol\u00edticos -\u00bfqu\u00e9 podemos pensar de los reg\u00edmenes de saber que oprimen cuerpos abyectos y censurados por la cultura y no por la voluntad de quien los posee, qu\u00e9 podemos pensar de la relaci\u00f3n entre culpa y p\u00e9rdida, entre sufrimiento y solidaridad de deudos, entre el deseo sexual no-normativo y la voluntad consciente de formar una familia m\u00e1s o menos normativa?-, no es que el teatro o cualquier arte tenga que adoctrinar, o explayarse en ideas, que no tienen claras la intelligentsia profesional de la pol\u00edtica, la filosof\u00eda, la medicina. Sin embargo asumir un tema, traficar con los significantes de tradiciones culturales tan sedimentadas y paradigm\u00e1ticas, asociar ciertas ideas t\u00edpicas en la construcci\u00f3n de un personaje, lleva al relato a un l\u00edmite donde para avanzar de manera interesante -seduciendo la expectativa y el humor de quienes completen el sentido de esas obra desde sus butacas o ya sus casas- debe poder construir un enunciado ligeramente (re)flexivo, que se suelte del com\u00fan sentido de lo que un tema tan conocido puede invocar.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s la obra est\u00e9 cercada por estas trampas de lo conocido, sin embargo hay un fondo de modestia y algunos elementos m\u00e1s disruptivos que se presentan en la gesta y el encuentro de la transferencia. Aqu\u00ed el gran logro de una obra que pudo, adem\u00e1s de cortar tickets, conmover audiencias en nuestra ciudad y otras zonas del pa\u00eds. Y supongo que la virtud proviene de evitar la mirada piadosa, lo que se parte en La ballena, es el lazo social y la posibilidad de encontrarse con otros. Un padre con una hija, una madre con ese padre, una amiga con su amigo, un misionero con la comunidad a la que pretende acercarse. Los cuidados, lo que hace sobre todo el personaje de la enfermera, la ense\u00f1anza a lo que se dedica el protagonista, son quiz\u00e1s las part\u00edculas originarias que colisionan en todo acontecimiento emocionante. Las promesas y amenazas, pr\u00e9stamos y concesiones, parricidios y herencias que se traban o abisman en La ballena est\u00e1n ah\u00ed con su potencial dram\u00e1tico, en funci\u00f3n de algo m\u00e1s delicado y sutil, esa forma de amor casi imposible pero necesaria que es el encuentro con la alteridad. Quiz\u00e1s la forclusi\u00f3n de la politicidad -del deseo, del poder, del cuerpo, del esp\u00edritu- que no pudo plantearse, es para dejar espacio a otra cosa, algo que en nuestra \u00e9poca emerge como s\u00edntoma colectivo: poder ver a otro, poder tramar una complicidad, un lazo, una conversaci\u00f3n. A riesgo de que los horizontes colectivos se derrumben y todas las manadas se disuelvan y tengamos que errar como animales solitarios, dej\u00e1ndonos herir por la estupidez lacerante del aislamiento, haci\u00e9ndonos morir por el temor a conectar con otros, La ballena con sus l\u00edmites (pol\u00edtico-narrativos) y excesos (referenciales) tiene en su configuraci\u00f3n una idea, o al menos una imagen del posible arrojo al abrazo con los otros mam\u00edferos solitarios. Asumiendo que dentro de un animal vive una manada, as\u00ed como en todo colectivo hay un credo de individuo sujeto a vivir su leg\u00edtima extra\u00f1eza.<\/p>\n<p>M\u00e1s que a cualquier personaje de Moby Dick, el protagonista que encarna Ch\u00e1vez, se parece a otra creaci\u00f3n de Herman Melville &quot;Bartleby, el escribiente&quot;, aquel relato en el que un empleado ante cualquier demanda del mundo contesta invariablemente: &quot;Preferir\u00eda no hacerlo&quot;. El personaje de La ballena, suma un &quot;Perd\u00f3n&quot; a sus automatismos discursivos, al punto de vaciar de sentido la palabra. Pero el gesto a la Bartlebly queda latente, anarquismo sinuoso, diletante, pero en alg\u00fan sentido siempre entre la imposibilidad de leer. El personaje de La ballena evita un infarto al escuchar que le leen una monograf\u00eda sobre Moby Dick; el pobre Bartleby se deja morir de hambre, despu\u00e9s de negarse a escribir o revisar documentos. Esas dos caras son el polo de valores que organiza el relato: leer una escritura\/no-leer (que es tambi\u00e9n no escribir). Recuerdo ahora un pr\u00f3logo de Borges a unos relatos de Melville: &quot;el s\u00edmbolo de la Ballena es menos apto para sugerir que el cosmos es malvado que para sugerir su vastedad, su inhumanidad, su bestial o enigm\u00e1tica estupidez. Chesterton, en alguno de sus relatos, compara el universo de los ateos con un laberinto sin centro. Tal es el universo de Moby Dick: un cosmos (un caos) no s\u00f3lo perceptiblemente maligno, como el que intuyeron los gn\u00f3sticos, sino tambi\u00e9n irracional, como el de los hex\u00e1metros de Lucrecio&quot;. La connotaci\u00f3n habitual de la palabra ballena parece haber ofuscado a los cr\u00edticos; todos prefieren limitarse a una interpretaci\u00f3n moral (cl\u00ednica, m\u00e9dica, psi, espiritual) de la obra. Sin embargo quiz\u00e1s valga la pena detenerse en lo irracional, en lo que la pol\u00edtica habilita, dejar caer la raz\u00f3n y el c\u00e1lculo del encuentro con otros, ofrecer de manera loca una herencia anticipada, tratar de conversar con un fanatico, etc. Todos los personajes de la ballena son un poco irracionales y bestiales, la hija que podr\u00eda matar a su padre cambiando las pastillas, el sacrificio desmesurado de la amiga enfermera, etc. El prodigio es que la irracionalidad es la condici\u00f3n de posibilidad para dejarse afectar por otros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abTodo el tiempo me recordaba no dejarme acorralar por la humillaci\u00f3n, todo all\u00ed era luminoso y mis manadas se desconciertan en la luz, nosotros somos bestias de penumbra, todos los que soy, todos los que fui tambi\u00e9n en ese mediod\u00eda, somos bestias de penumbra\u00bb.<br \/>\n(Juli\u00e1n L\u00f3pez, La ilusi\u00f3n de los mam\u00edferos)<br \/>\nLa temporada de verano 2026 llega a su final. Todo parece volver: la actualidad y la conversaci\u00f3n de rutina, la escuela y el trabajo, la ansiedad por lo cotidiano. En este momento crepuscular existe la costumbre mitol\u00f3gica de hacer balances -m\u00e1s relevantes a las industrias culturales y tur\u00edsticas que al campo del arte-, \u00bfcu\u00e1ntas entradas vendieron cines, teatros, festivales?, \u00bfa d\u00f3nde fueron, de d\u00f3nde vinieron consumidores, turistas o espectadores? 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