{"id":1260085,"date":"2026-03-10T20:29:23","date_gmt":"2026-03-10T23:29:23","guid":{"rendered":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/2026\/03\/10\/como-ser-joaquin-levinton-decalogo-de-un-rockstar-nacional\/"},"modified":"2026-03-10T20:29:23","modified_gmt":"2026-03-10T23:29:23","slug":"como-ser-joaquin-levinton-decalogo-de-un-rockstar-nacional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/2026\/03\/10\/como-ser-joaquin-levinton-decalogo-de-un-rockstar-nacional\/","title":{"rendered":"C\u00f3mo ser Joaqu\u00edn Levinton: dec\u00e1logo de un rockstar nacional"},"content":{"rendered":"<p>Joaqu\u00edn Levinton siempre le dio la cara a su propio mito. Nunca se escondi\u00f3 detr\u00e1s de la correcci\u00f3n, no desconoci\u00f3 su descontrol y ni siquiera su hedonismo: la satisfacci\u00f3n y el placer fueron las br\u00fajulas de una vida de excesos cuyos costos -a esto tambi\u00e9n lo reconoce- hoy paga con un desgaste que recientemente le vali\u00f3 un infarto. En una entrevista para Rolling Stone en 2022, el l\u00edder de Turf acept\u00f3 que esos desenfrenos ya no ocupan un lugar relevante, pero muchos fueron los a\u00f1os de locura, consumos y extenuaci\u00f3n. Un sinf\u00edn de noches y noches de shows ininterrumpidos, de alcohol desmedido y de estallidos de una violencia muchas veces pueril, la misma que, en 1999, le vali\u00f3 la expulsi\u00f3n de Teleman\u00edas luego de que revoleara un micr\u00f3fono hasta estrellarlo. \u201cQue se manden a mudar de este escenario\u201d, exclam\u00f3 el conductor Cristian Baz\u00e1n en aquel cl\u00e1sico de la programaci\u00f3n sabatina de C\u00f3rdoba. Los versos de \u201cPasos al costado\u201d, ese himno del rock nacional que abre el nuevo siglo, terminaron teniendo el peso de una consigna biogr\u00e1fica: a lo largo de su carrera, Joaqu\u00edn Levinton pocas veces supo reconocer el punto en que hab\u00eda que frenar.<\/p>\n<p>Esa m\u00e1xima, sin embargo, es el atributo definitorio de un rockstar, categor\u00eda que orgullosamente presume quien, luego de treinta a\u00f1os de carrera, lanza su primer disco solista: Yo soy Joaqu\u00edn. Levinton nos ense\u00f1a all\u00ed que rockstar no solo es composici\u00f3n y virtuosismo. Aunque mucho pese a los custodios del canon, hace mucho que el rock desbord\u00f3 el g\u00e9nero musical para integrarse en eso que llamamos cultura pop. Durante muchas d\u00e9cadas, sus bandas prometieron que la originalidad, la autenticidad y la experimentaci\u00f3n iban a ser los valores fundamentales con los cuales esa m\u00fasica heredera del blues y s\u00edmbolo de una juventud apabullante iba a elevarse como arte consagrado, tomando as\u00ed distancia de los productos comerciales y de todo eso superficial que mucho incomodaba. Incluso a Lennon quien, devenido en emblema underground y distanciado de aquella banda que cosech\u00f3 millones revoleando cabelleras, le reclama a la m\u00fasica de los 70 pronunciarse sobre la violencia y no \u201csobre c\u00f3mo vestirse o si te acostaste con alguien\u201d.<\/p>\n<p>Pero el brazo finalmente se torci\u00f3. Saqueado por la industria cultural, reciclado en un sinf\u00edn de estereotipos y masificado por la MTV, el rock cumpli\u00f3, como supo decir Beatriz Sarlo, uno de sus destinos posibles: dej\u00f3 de ser un programa pol\u00edtico para consolidarse como un estilo. Se convirti\u00f3 en otras de las poses espectaculares que la cultura pop puede adoptar cuando necesita torcer la forma de su mensaje o simplemente expandirse hacia otros confines del mercado. Por eso, Britney, Lali o Harry Styles pueden ser rockers ocasionales cuando se invisten con los signos adecuados: cuero, guitarras, tachas y toda esa imagen que apela a la rebeld\u00eda, nombre po\u00e9tico que recibe la hist\u00f3rica resistencia del rock frente al sistema. Basta asumir la emulaci\u00f3n del exceso y su gesto de revuelta. Performatizarlos, digamos.<\/p>\n<p>Joaqu\u00edn, sin embargo, los encarna. Tan incontables como desopilantes son las an\u00e9cdotas con las que ratifica un estatus de rockstar que no se agota en ese notorio parecido con Mick Jagger. Abundancia de mujeres y de problemas (\u201cel kilombo es parte del rock\u201d, afirma), compras absurdas (como el capricho de una casa rodante que luego pierde vaya a saber d\u00f3nde), hurones de mascotas, varias salidas airosas de la polic\u00eda, un manejo bastante despreocupado de la plata (desconoce qu\u00e9 impuestos pagar y c\u00f3mo hacerlo) y una casa pr\u00e1cticamente decorativa: sus cenas, con admirable constancia, transcurrieron durante mucho en Cocodrilo con estrellas y chicas de una noche. Y con su perra Raquel, esa leal compa\u00f1era que tanto amaba porque a lo largo de sus 14 a\u00f1os hizo lo que quiso o, recuerda emocionado el cantante, vivi\u00f3 y muri\u00f3 en su propia ley.<\/p>\n<p>Entre sus libros de cabecera figura Life (2010), las memorias de Keith Richards, aunque no se sabe si las consulta como recetario o como lista donde comprobar si ha seguido los pasos correctos. Levinton tambi\u00e9n afirma que no le teme a la muerte, ni siquiera al infarto que sufri\u00f3 en diciembre. Y no es que la muerte le resulte indiferente: simplemente vive sin miedo, con esa necesidad febril de consumirse r\u00e1pido antes de que el tiempo encorsetado de la sociedad lo domestique. La velocidad, despu\u00e9s de todo, es otro signo del rock y sus estrellas vienen a ejercer una suerte de aceleracionismo pop: vive r\u00e1pido, muere joven y deja un cad\u00e1ver bonito, como reza el aforismo que err\u00f3neamente se le atribuye a James Dean. Y menos cuando se trata de romances, de esas relaciones que requieren una persistencia que la voz de Turf no se puede conceder, a pesar de que muchas veces le cante al amor.<\/p>\n<p>Joaqu\u00edn dice que volver sobre todo ese pasado intenso le da mucha fiaca. Pero, ahora, a los 51 a\u00f1os, decide pasar revista a una vida fren\u00e9tica que mucho se cuela en este disco solista que, seg\u00fan sus propias palabras, supone su \u201cdeclaraci\u00f3n de principios\u201d. 14 a\u00f1os demor\u00f3 en lanzar este repertorio concebido durante su distanciamiento con Turf, porque quer\u00eda una voz propia, algo que no cediera tanto a las concesiones democr\u00e1ticas propias de un colectivo.  9 canciones y menos de media hora: el \u00e1lbum se extiende lo suficiente como para esbozar un autorretrato, introducido en la canci\u00f3n de apertura: \u201cYo soy Joaqu\u00edn, perdido entre las confusiones \/ tratando de escapar de las tentaciones \/ sofocado de tantas manipulaciones \/ Estoy hablando de invertir situaciones\u201d. Hay una rara dignidad en quien no se molesta en esconder sus propias porquer\u00edas, un poco el ejercicio que emprende con \u201cAdiviname\u201d o \u201cRespuesta Perfecta\u201d. \u201cNo soy lo que dicen de m\u00ed \/ tampoco lo que imagin\u00e1s \/ Pero te tengo que advertir que a veces soy de lo peor que hay\u201d, previene ese yo l\u00edrico que, consciente de su reputaci\u00f3n, no promete ser alguien moralmente ejemplar.<\/p>\n<p>A esa l\u00ednea argumental -su lucha contra los excesos e imprudencias-, le aporta una oda rom\u00e1ntica, proclamaci\u00f3n de amor que exploran canciones como \u201cEst\u00fapido\u201d o \u201cPara saber\u201d. Abandona el lujo rockstar y, en \u201cTe amo\u201d, sugiere que solo sintonizar con otro es suficiente para levantarse del baj\u00f3n. Habla del amor, s\u00ed, pero que no siempre de uno rom\u00e1ntico (como en \u201cSi te caes te levanto\u201d) y ni siquiera algo para venerar porque, a veces, puede ser destructivo: esos quienes, de tanto amarnos, acaban por asfixiarnos, como refiere en \u201cTe quiero (pero lejos)\u201d. He aqu\u00ed, por cierto, una constante en su obra y en su biograf\u00eda: la asfixia de una sociedad empe\u00f1ada en domesticarlo, en \u201caburguesarlo\u201d como suele decir. Sin embargo, en sus juegos l\u00edricos y en sus tonalidades, Yo soy Joaqu\u00edn se acerca m\u00e1s al pop de Miranda! y Tan Bi\u00f3nica, incluso en los ritmos el\u00e9ctricos que despliega y en la forma que toman esas baladas que no prometen una mejor versi\u00f3n de s\u00ed, aunque puede intentarlo. Pero Joaqu\u00edn Levinton, m\u00e1s que un rockero ut\u00f3pico y rom\u00e1ntico, es uno optimista. \u201cSi no hay amor, que no haya nada entonces\u201d, dir\u00e1.<\/p>\n<p>Con raz\u00f3n, dice que ninguna de estas canciones pod\u00eda ser de Turf. Con una carrera que nace con la frescura de los 17, es l\u00f3gico pensar que ahora sienta la necesidad de experimentar. Muchas veces lo hizo, de hecho. En 2020, y en un desv\u00edo que otros como Robbie Williams tomaron en cierto punto de madurez art\u00edstica, explor\u00f3 el swing: acompa\u00f1ado por Kevin Johansen, condujo el proyecto Swingverg\u00fcenzas, una banda de cover de canciones de los 60. Algunos a\u00f1os atr\u00e1s, fund\u00f3 los Sponsors, un experimento conceptual que cont\u00f3 con las voces de Intoxicados, Los Aut\u00e9nticos Decadentes y Leo Garc\u00eda. A Turf, empero, debe su notoriedad: a ese proyecto que naci\u00f3 hace tres d\u00e9cadas cuando sus integrantes se conocieron en la hinchada del Monumental y, en 1995, deciden improvisar una banda musical. Era la alternativa perfecta para no trabajar porque ser futbolista, otra de las pasiones de Levinton, reclamaba cierta disciplina (levantarse muy temprano, m\u00e1s que nada). Todo en Turf tiene una cuota de desparpajo, incluso su nombre: una conmemoraci\u00f3n a ese primer m\u00e1nager que pagaba los gastos de la banda jugando carreras de caballos.<\/p>\n<p>En menos de tres a\u00f1os, descollaron. Sus videos copaban los canales de m\u00fasica y compart\u00edan escenario con Charly, mientras los Rolling Stone, esos founding fathers a quienes tanto admiraban, los convocaban como teloneros. Pero el rock local no distingui\u00f3 por su amabilidad. A los Turf, los tachaban por comerciales (varios de sus discos fueron producidos por un art\u00edfice del pop latino como Coti), por recibir auspicios de grandes marcas como Levi&#039;s, y por ese l\u00edder que siempre caminaba por fuera de las l\u00edneas, incluso de la norma heterosexual. Y no solo por ese estilo que desafiaba las masculinidades pesadas del rock, una afrenta que el mismo Jagger sostuvo con su imagen. Turf fue sutil en sus desv\u00edos, como cuando le otorg\u00f3 el protag\u00f3nico de su \u00e9xito arrasador \u201cPasos al Costado\u201d a La Cacho: hist\u00f3rica transformista del under porte\u00f1o y las noches de Morocco. Frente a las disidencias, \u00bfacaso muchas bandas de rock nacional estuvieron dispuestas a hablarnos de igual a igual?<\/p>\n<p>Turf fue la generaci\u00f3n que relev\u00f3 a los rockeros que, como Charly o Spinetta, rondaban los 50 en los a\u00f1os 90. Y son los mismos que hoy le pasan la posta a las promesas en ascenso, a esas voces frescas que, como Lali, Milo J o Luck Ra, convocaron en 2024 para reversionar sus \u00e9xitos en Polvo de Estrellas. El relevo solo es posible cuando uno se presume consagrado en el plano est\u00e9tico, pero tambi\u00e9n en el personal. Joaqu\u00edn Levinton sabe que el p\u00fablico lo ama, una lucidez que tambi\u00e9n es propia de los rockstars. En m\u00e1s de una oportunidad, explic\u00f3 que, entre \u00e9l y quienes lo escuchan, hay una \u201cbarrera\u201d: esa cuarta pared que, en cada show, como rockero se obliga a trascender para conectar con su p\u00fablico. Porque Levinton es un showman. Entrar a caballo, en una moto o en una ambulancia, o cantar \u201cLoco un poco\u201d con los pacientes del Borda: de alguna manera, tiene que detonar algo, nos confirma, para conectar en otro nivel con su audiencia. <\/p>\n<p>\u201cMi simpat\u00eda es mi arma\u201d, dice Joaqu\u00edn Levinton en otra ronda de promociones sobre su nueva obra. Cuando es consciente de su sex-appeal y su encanto, su personaje se acerca m\u00e1s a la picaresca nacional que a las solemnidades del under o del punk: m\u00e1s cerca de Guillote Coppola que de la oscuridad g\u00f3tica de ese Kurt Cobain que tanto admira. Representa entonces otro modelo de rockero, uno mucho m\u00e1s colorido que el ascetismo solemne que impone la tradici\u00f3n anglosajona: un desv\u00edo festivo donde conviven picard\u00eda y exceso, todo aquello que le da la impronta de un rock criollo que solo en estas tierras podr\u00eda concebirse. Un rockstar hecho a la medida argenta, uno que no se arrepiente de nada y que no necesita pedir perd\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Joaqu\u00edn Levinton siempre le dio la cara a su propio mito. Nunca se escondi\u00f3 detr\u00e1s de la correcci\u00f3n, no desconoci\u00f3 su descontrol y ni siquiera su hedonismo: la satisfacci\u00f3n y el placer fueron las br\u00fajulas de una vida de excesos cuyos costos -a esto tambi\u00e9n lo reconoce- hoy paga con un desgaste que recientemente le vali\u00f3 un infarto. En una entrevista para Rolling Stone en 2022, el l\u00edder de Turf acept\u00f3 que esos desenfrenos ya no ocupan un lugar relevante, pero muchos fueron los a\u00f1os de locura, consumos y extenuaci\u00f3n. Un sinf\u00edn de noches y noches de shows ininterrumpidos, de alcohol desmedido y de estallidos de una violencia muchas veces pueril, la misma que, en 1999, le vali\u00f3 la expulsi\u00f3n de Teleman\u00edas luego de que revoleara un micr\u00f3fono hasta estrellarlo. \u201cQue se manden a mudar de este escenario\u201d, exclam\u00f3 el conductor Cristian Baz\u00e1n en aquel cl\u00e1sico de la programaci\u00f3n sabatina de C\u00f3rdoba. 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