{"id":1261403,"date":"2026-03-17T01:58:28","date_gmt":"2026-03-17T04:58:28","guid":{"rendered":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/2026\/03\/17\/svetlana-smolina\/"},"modified":"2026-03-17T01:58:28","modified_gmt":"2026-03-17T04:58:28","slug":"svetlana-smolina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/2026\/03\/17\/svetlana-smolina\/","title":{"rendered":"Svetlana Smolina"},"content":{"rendered":"<p>Hay pianistas que solo son int\u00e9rpretes y hay otros que son actores de la m\u00fasica. Los primeros mantienen con la partitura una relaci\u00f3n casi religiosa, obedecen sus indicaciones y prodigan una ejecuci\u00f3n que, en ocasiones, busca no solo transmitir lo que escuchamos sino ser fiel a un esp\u00edritu de composici\u00f3n que se condice con un cruce entre biograf\u00eda y sentimiento de \u00e9poca. <\/p>\n<p>Mas que int\u00e9rpretes son arque\u00f3logos musicales capaces de reconstruir un sonido perdido o imposible a base de esmero y sobriedad, de renuncia y devoci\u00f3n. Pero la lucha no es solo con el sonido a lograr, sino tambi\u00e9n con una selva de interpretaciones en la que hay una que pareciera estar m\u00e1s pr\u00f3xima al deseo o la idea del compositor que cualquiera de las otras. Ese mundo de int\u00e9rpretes por momentos es una carrera de fieles y devotos, un conclave de ejecutantes donde se sopesa si Bach debe tocarse r\u00e1pido o si la emoci\u00f3n debe ser contenida ante la impronta estructural de una fuga. <\/p>\n<p>Por ejemplo, Schnabel es el m\u00e1s claro ejemplo de c\u00f3mo tocar a Beethoven, aunque con el tiempo, ese lugar lo ocup\u00f3 Alfred Brendel con su registro absoluto de sus sonatas y solos. As\u00ed el museo de la m\u00fasica tiene sus gu\u00edas asegurados. Pero como las traducciones, todo en la vida envejece.<\/p>\n<p>Los actores de la m\u00fasica proponen otra cosa, cierta irreverencia, el diablo de la originalidad habl\u00e1ndoles al o\u00eddo, las llamas del infierno corriendo por sus manos. Su nombre tiene por supuesto un brillo propio que compite con el bronce del muerto al que ejecutan. Y su vida, desde ya en esa siempre compleja relaci\u00f3n con el piano, es tan genial y terrible como aquello que tocan noche a noche. <\/p>\n<p>Uno los escucha y en realidad escucha otra cosa, por ejemplo, el sonido reconocible, la distinci\u00f3n en la manera de llegar a una nota, tal vez el capricho que viene con la licencia extraordinaria, en definitiva, eso a lo que llamamos estilo, emoci\u00f3n materializada. <\/p>\n<p>Los actores de la m\u00fasica son justamente int\u00e9rpretes de la partitura que llevan a esta hasta su exceso de significante. \u00bfQu\u00e9 es eso? Ni m\u00e1s ni menos que el enigma del gusto, lo que nos hace preferir el Mozart de Gould a cualquier otro aun cuando los excesos ronden lo payasesco y no podamos explicar nuestra fascinaci\u00f3n por lo extra\u00f1o. \u00bfQu\u00e9 escuchamos cuando escuchamos a Horowitz, a Richter o a Kissin? Sin duda m\u00fasica, pero tambi\u00e9n algo inexplicable. En esa vanidad tan propia y tan necesaria del artista reside entonces la m\u00fasica, que no es otra cosa m\u00e1s que una vieja emoci\u00f3n que siempre regresa, pero con el maquillaje de lo nuevo.<\/p>\n<p>Algo de esto se pudo aprecia el jueves pasado en la presentaci\u00f3n de la pianista rusa Svetlana Smolina, dotada de una s\u00f3lida formaci\u00f3n, puesta a prueba con las m\u00e1s prestigiosas y diversas orquestas del mundo, y por supuesto reconocida con prestigiosos premios. Sin duda su paso por la ciudad es de destacar, pero si hay algo que sobresale de esa noche es el programa que propuso. Esa hoja de ruta dice mucho, ese mapa lleva y conduce a cualquier p\u00fablico siempre que se sepa a d\u00f3nde se quiere llegar. Ese programa es el vestuario del actor que luego debe llenarse con presencia esc\u00e9nica. <\/p>\n<p>Dividido en dos bloques bien distintos, el primero fue una muestra de elecci\u00f3n y virtuosismo, una suerte de equilibro entre el repertorio rom\u00e1ntico cl\u00e1sico, en cuanto a sonido, y la lectura misma que de \u00e9l la pianista propuso: los m\u00e1rgenes de lo popular que pueden escucharse en el registro cl\u00e1sico; mientras que el segundo, depar\u00f3 sorpresas propias de una int\u00e9rprete que desnuda su talento ante el p\u00fablico sabiendo lo que le va a demandar llegar a concretarlo con \u00e9xito. He ah\u00ed cuando la sobriedad de la actriz despunta y ocupa la escena.<\/p>\n<p>A grandes rasgos Tchaikosky, Chopin y Liszt exigen un manejo de t\u00e9cnica bien arraigada, lo que supone pasar de los timbres delicados al estruendo sonoro sin perder din\u00e1mica y sin malograr la pieza. Considerados como los compositores que ponen a prueban a los int\u00e9rpretes con los siempre celebres momentos diab\u00f3licos de la ejecuci\u00f3n, el car\u00e1cter eslavo en ellos es sin embargo un desaf\u00edo a la hora de transmitir lo que el capricho de la m\u00fasica persigue. <\/p>\n<p>La delicadeza de ciertos pasajes en la selecci\u00f3n de la Suite del ballet Nutcracker y la profundidad emotiva de Liszt en el Mephisto Waltz son prueba de ello. Dos cosas entonces a destacar: los trinos de este \u00faltimo y la destreza en el cruce de manos que Smolina posee son admirables. Aun as\u00ed, extra\u00f1a que a la sentida y excepcional interpretaci\u00f3n del Scherzo N\u00ba 2 de Chopin le siguiera una correcta Polonesa Heroica. <\/p>\n<p>Dejando de lado el reconocimiento que esta pieza de Chopin tiene, el virtuosismo que requiere y la infinidad de versiones que uno puede escuchar, hay en ella algo que siempre es un desaf\u00edo: conducirse hacia la emoci\u00f3n de la m\u00fasica. Smolina sortea con \u00e9xito los acordes abiertos, las escalas y octavas junto a los r\u00e1pidos arpegios que el ritmo de la pieza pide, su majestuoso militar, y, sin embargo, lo propiamente heroico no necesariamente es marcial, si no que m\u00e1s bien es j\u00fabilo, una extra\u00f1a dicha que emerge como un rapto de felicidad, casi un sentir religioso y patri\u00f3tico que Chopin supo escuchar como buen rom\u00e1ntico en lo folkl\u00f3rico. Tal vez en ese momento falto la actriz.<\/p>\n<p>El piano es el instrumento m\u00e1s amado del mundo de la m\u00fasica, parte de ese amor se debe a las diversas escuelas que a mediados del siglo XIX lo impusieron como el instrumento del coraz\u00f3n, como el sonido de una intimidad expandida que, aun as\u00ed, no perd\u00eda los registros del bel canto. Pero de esa misma intimidad el piano hizo su embrujo orquestal, su amplitud de registros que llegan con comodidad al jazz, preanunciado por Debussy, a ciertos aires de capricho espa\u00f1ol, que Ravel supo explorar, o al malambo campero, al que Piazzolla prestar\u00eda notoria atenci\u00f3n. Y esto es lo que uno pudo escuchar en el segundo momento del concierto de Smolina. A un Gershwin correcto, que sin embargo careci\u00f3 de arrastre, le sigui\u00f3 la Malague\u00f1a de la suite Andaluc\u00eda de Ernesto Lecuona y el Capricho espa\u00f1ol de Moritz Moszkowski donde, extra\u00f1amente, los aplausos parec\u00edan agradecer la familiaridad de ciertos sonidos. <\/p>\n<p>Aunque el punto mas alto estuvo en lo mas lejano para la int\u00e9rprete, nos referimos al Ginastera de Danza de la moza donosa y Danza del gaucho matrero, de las Danzas argentinas Op. 2. Ni int\u00e9rprete -limit\u00e1ndose a ejecutar correctamente- ni actriz -visti\u00e9ndose de exotismo complaciente- Smolina enfrent\u00f3 al compositor argentino atacando el coraz\u00f3n mismo de estas piezas: lo cautivante del ritmo. Y a pesar de ello, en ning\u00fan momento dej\u00f3 de lado las melod\u00edas que en ellas pueden escucharse. Eran di\u00e1fanos momentos de un arrebato familiar. El cierre, que lamentablemente apel\u00f3 a lo espectacular con Islamey, de Mily Balakirev, fue vibrante y fren\u00e9tico, surtiendo el efecto esperado en el p\u00fablico: aplausos de pie. Sin embargo, la noche hab\u00eda tenido su punto alto cuando, las g\u00e9lidas llanuras rusas se confundieron con los aires dulzones de la pampa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay pianistas que solo son int\u00e9rpretes y hay otros que son actores de la m\u00fasica. Los primeros mantienen con la partitura una relaci\u00f3n casi religiosa, obedecen sus indicaciones y prodigan una ejecuci\u00f3n que, en ocasiones, busca no solo transmitir lo que escuchamos sino ser fiel a un esp\u00edritu de composici\u00f3n que se condice con un cruce entre biograf\u00eda y sentimiento de \u00e9poca.<br \/>\nMas que int\u00e9rpretes son arque\u00f3logos musicales capaces de reconstruir un sonido perdido o imposible a base de esmero y sobriedad, de renuncia y devoci\u00f3n. Pero la lucha no es solo con el sonido a lograr, sino tambi\u00e9n con una selva de interpretaciones en la que hay una que pareciera estar m\u00e1s pr\u00f3xima al deseo o la idea del compositor que cualquiera de las otras. Ese mundo de int\u00e9rpretes por momentos es una carrera de fieles y devotos, un conclave de ejecutantes donde se sopesa si Bach debe tocarse r\u00e1pido o si la emoci\u00f3n debe ser contenida ante la impronta estructural de una fuga.<br \/>\nPor ejemplo, Schnabel es el m\u00e1s claro ej..<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1261404,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[40],"tags":[],"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/720-234.jpe","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1261403"}],"collection":[{"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1261403"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1261403\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1261404"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1261403"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1261403"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1261403"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}