{"id":1263040,"date":"2026-03-25T17:28:05","date_gmt":"2026-03-25T20:28:05","guid":{"rendered":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/2026\/03\/25\/la-noche-segun-visconti\/"},"modified":"2026-03-25T17:28:05","modified_gmt":"2026-03-25T20:28:05","slug":"la-noche-segun-visconti","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/2026\/03\/25\/la-noche-segun-visconti\/","title":{"rendered":"La noche seg\u00fan Visconti"},"content":{"rendered":"<p>Vivimos una \u00e9poca de adaptaciones a raudales con espectadores y cr\u00edticos que acuden a las salas de cine con dientes apretados, miradas hostiles y ademanes despectivos. \u201c\u00a1Qu\u00e9 va!\u201d -dir\u00eda la Pilar en Por qui\u00e9n doblan las campanas (Hemingway, 1940)- nosotros podemos escapar a esta disposici\u00f3n y desentendernos de la fidelidad al texto original, la exactitud hist\u00f3rica y a saber qu\u00e9 otras minucias sobre las que ponen el foco los antedichos espectadores y cr\u00edticos. Lo cierto es que siempre que se habla de una pel\u00edcula que trata un tema universal como es el amor debemos enfocarnos en cuestiones como lo inescindible que resulta este del anhelo.<\/p>\n<p>Esto ocurre en Noches blancas (1957), adaptaci\u00f3n de la novela corta del mismo t\u00edtulo de Fi\u00f3dor Dostoievski. Se trata de la historia de Natalia y Mario (Marcelo Mastroianni), quienes se topan una noche en uno de los puentes, ubicados sobre el canal, que une los barrios de esta reproducci\u00f3n en estudio de las calles de Livorno. Para el papel de Natalia, Visconti eligi\u00f3 a Mar\u00eda Schnell luego de haber sido jurado en el Festival de Cannes, algo que admiramos tanto por la actuaci\u00f3n de Schnell y su perfecto italiano como por la destreza del director para filmar rostros femeninos.<\/p>\n<p>Por un lado, el paisaje desolado de posguerra, el cual se muestra artificial adrede puesto que, entendemos, se refiere a un mundo m\u00e1s acotado que aquel de las producciones neorrealistas de Visconti; y, por otra parte, el car\u00e1cter rutinario de la vida de ambos protagonistas representa aquella grisura caracter\u00edstica de los personajes de Dostoievski. Mario es un simple secretario administrativo y Natalia, por su parte, sobrelleva los quehaceres de una modest\u00edsima pensi\u00f3n junto a la criada y su abuela, casi ciega, quien pareciera vislumbrar mejor que nadie la condici\u00f3n humana, puesto que dota de una selectividad tal a la pensi\u00f3n como aquella del anuncio buscando inquilino que abre Rosaura a las diez (Marco Denevi, 1955). Natalia es quien lanza primero los dados, lamenta su situaci\u00f3n y su soledad, ante lo cual Mario comparte la soledad que \u00e9l mismo experimenta: ha sido trasladado hace poco a la ciudad debido a su trabajo. En este sentido, a lo largo de esta historia, t\u00e1cita y concretamente ambos convienen una amistad.<\/p>\n<p>En la primera noche percibimos una atm\u00f3sfera neblinosa, lograda por Visconti y su director de fotograf\u00eda usando alumbrado p\u00fablico y poniendo velos sobre las c\u00e1maras en ocasiones, as\u00ed como el papel preponderante del canal y el puente que separa la vida de ambos protagonistas, ejes centrales de este devenir nocturno. Luego de una accidentada velada, Natalia y Mario acuerdan encontrarse en el puente a la noche siguiente. Natalia, una vez m\u00e1s, esp\u00eda y luego huye de Mario una vez descubierta, revelando su fragilidad ante el contacto con un extra\u00f1o; luego de aclarada la situaci\u00f3n, el tacto est\u00e1 sobre el abrigo de Mario, un tocar que en nuestros d\u00edas se ha desplazado a lo digital, pero que aqu\u00ed se refleja en miradas y un caminar incesante, donde las historias se entrelazan, la de Natalia es de una familia de vendedores de alfombras extranjeros venidos a menos, quienes ahora simplemente remiendan unas pocas alfombras, otro signo del cambio de \u00e9poca. Mientras tanto, Mario le da poca importancia a su corriente historia y cede la palabra para que su amiga narre sus penas.<\/p>\n<p>El d\u00eda de la llegada del inquilino (interpretado por Jean Marais), un atractivo hombre de mundo, este es aceptado sorprendentemente por la abuela, quien duda de todo y de todos, por el solo de hecho de no haber dado rodeos para pagar el alquiler. Natalia queda at\u00f3nita ante la presencia del inquilino, luego se inmiscuye en su habitaci\u00f3n, revisa sus cosas y se fascina con la cantidad de libros que el hombre tiene, \u00e9ste se los cede generosamente y la monoton\u00eda de la pensi\u00f3n se ve interrumpida por la lectura en voz alta de las magn\u00edficas historias a pedido de la abuela, al mejor estilo de la editorial N\u00f3rdica: un libro al precio de una entrada de cine. M\u00e1s adelante, el inquilino invita a las mujeres a la \u00f3pera con el pretexto de acercarse a Natalia, algo que ciertamente logra y de all\u00ed en m\u00e1s comienza la enso\u00f1aci\u00f3n de nuestra protagonista, que se extiende m\u00e1s all\u00e1 de la partida repentina del inquilino y la promesa de regresar por parte de este. Su historia sella un pacto ficcional con Mario cuando ella dice que no espera que le crea tan solo que la comprenda.<\/p>\n<p>Como sabemos, la carga es para aquel que espera, y este peso sobre la existencia es el que advierte Mario, quien, toda vez enterado de que la persona que espera su amiga no es otra que el inquilino, accede a ser su amigo. A esta altura la relaci\u00f3n entre realidad y fantas\u00eda est\u00e1 instalada de forma definitiva. As\u00ed como antes asist\u00edamos a El barbero de Sevilla, ahora ambos protagonistas se ven envueltos en una velada bailando rock &amp; roll, compartiendo la frivolidad de los j\u00f3venes y practicando ese exquisito arte de dejarse llevar. Se produce una epifan\u00eda en la que ambos protagonistas consideran que han sido felices en la realidad, luego el hechizo se rompe con la desesperanza de Natalia ante la ausencia de su amante y la incomprensi\u00f3n de Mario, que termina enredado con la prostituta que lo anhela y la trata de una manera tan terrible que le parece un mal sue\u00f1o. El momento de redenci\u00f3n pareciera llegar cuando se calman las aguas y nuestros protagonistas hacen las paces, la nieve y las luces los envuelven como pura enso\u00f1aci\u00f3n, entre promesas y confesiones de amor que nunca llegar\u00e1n a buen puerto.<\/p>\n<p>Noches blancas se presume como un mero drama sobre un amor no correspondido, pero lo cierto es que logra capturarnos con sus planos largos de una cotidianeidad que algunas veces se ve interrumpida con una espontaneidad que nos conmueve.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vivimos una \u00e9poca de adaptaciones a raudales con espectadores y cr\u00edticos que acuden a las salas de cine con dientes apretados, miradas hostiles y ademanes despectivos. \u201c\u00a1Qu\u00e9 va!\u201d -dir\u00eda la Pilar en Por qui\u00e9n doblan las campanas (Hemingway, 1940)- nosotros podemos escapar a esta disposici\u00f3n y desentendernos de la fidelidad al texto original, la exactitud hist\u00f3rica y a saber qu\u00e9 otras minucias sobre las que ponen el foco los antedichos espectadores y cr\u00edticos. Lo cierto es que siempre que se habla de una pel\u00edcula que trata un tema universal como es el amor debemos enfocarnos en cuestiones como lo inescindible que resulta este del anhelo.<br \/>\nEsto ocurre en Noches blancas (1957), adaptaci\u00f3n de la novela corta del mismo t\u00edtulo de Fi\u00f3dor Dostoievski. Se trata de la historia de Natalia y Mario (Marcelo Mastroianni), quienes se topan una noche en uno de los puentes, ubicados sobre el canal, que une los barrios de esta reproducci\u00f3n en estudio de las calles de Livorno. 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