{"id":1276886,"date":"2026-05-27T16:57:24","date_gmt":"2026-05-27T19:57:24","guid":{"rendered":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/2026\/05\/27\/la-vejez-de-la-musica\/"},"modified":"2026-05-27T16:57:24","modified_gmt":"2026-05-27T19:57:24","slug":"la-vejez-de-la-musica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/la100lasvarillas.com.ar\/web\/2026\/05\/27\/la-vejez-de-la-musica\/","title":{"rendered":"La vejez de la m\u00fasica"},"content":{"rendered":"<p>Existe la vejez de la m\u00fasica, pero extra\u00f1amente no se refiere a su edad. La m\u00fasica no tiene edad. En todo caso, esa vejez es un modo de nombrar la experiencia de la m\u00fasica, la atenci\u00f3n que nos demanda. Que la m\u00fasica no tenga edad significa tambi\u00e9n que, al margen de esa vejez, aspira a su juventud, a la embriaguez que seg\u00fan Nietzsche, siempre nos promete. Ocurre que es la inquietud de la m\u00fasica lo que siempre importa, su lugar por afuera de todo lugar, eso que acaso sea la sorpresa de reiterarse siempre envejecida y, al mismo tiempo, balbuceando la primera infancia de una promesa de asombro. Por ejemplo, Brahms jam\u00e1s dejar\u00e1 de ser el oto\u00f1o de la m\u00fasica, no hay otra forma de escucharlo. \u00bfQu\u00e9 edad darle a Brahms? En todo caso, deber\u00edamos pensar que un quinteto de cuerdas compuesto por \u00e9l recuerda tambi\u00e9n la juventud ambiciosa del genio en formaci\u00f3n, y, a la vez, anuncia el amargo declinar de la altura alcanzada. Entre esos extremos, el lugar de Brahms es puramente meditativo. Es la infancia y la senectud lo que de \u00e9l nos conmueve. Por eso se lo escucha siempre en el despuntar de una despedida que, en la melancol\u00eda que trama, esconde el germen del regreso, el asombro por lo primaveral de su j\u00fabilo declinante. Brahms es la juventud conservada en la objetivaci\u00f3n que solo llega con la vejez. Fabuloso hallazgo. Aspiraci\u00f3n a la que orientamos el deseo cuando \u00e9ste, inquieto y alado, nos conduce hacia la carnadura misma de la vida que aparenta no ser alcanzada por eso que la m\u00fasica siempre posterga. Porque al fin, cumplida nuestra edad, y sin edad la m\u00fasica, los o\u00eddos se cerrar\u00e1n cual los parpados de un muerto.<\/p>\n<p>Escuchar esa vejez de la m\u00fasica que, en muchos casos, no es m\u00e1s que su prolongada continuidad -\u00bfcu\u00e1nto hace que \u00e9sta nos acompa\u00f1a?- y, tambi\u00e9n, que en tanto que inmadurez de la ejecuci\u00f3n no es m\u00e1s que el salto incierto de todo int\u00e9rprete, significa que, en el hecho concreto de sonar y sonar, la m\u00fasica transcurre muy lejos de nosotros, casi por fuera de nuestro lenguaje concomitante. Pero si a\u00fan la m\u00fasica nos reclama, es acaso porque su lecci\u00f3n de embriaguez no ha sido justamente comprendida por la limitaci\u00f3n que esta muestra a las palabras. Lo que escuchamos carece de idea, no motiva comentario alguno, y hasta trabaja cierto autismo productivo en nuestro silencio. Es la experiencia de mudez que la m\u00fasica propone de lo que intentamos hablar. Y, sin embargo, lo que escuchamos tiene una traducci\u00f3n inmediata en el cuerpo, eso que s\u00ed envejece, que recepta con dificultad, que se sabe, a cada sonido, pr\u00f3ximo a una despedida. Basta ver la atenci\u00f3n raptada de los cuerpos que escuchan la m\u00fasica para entender que lo inm\u00f3vil, lo tenso, lo relajado en su marcaci\u00f3n r\u00edtmica, ese lenguaje de gestos antes que de sentidos, ese otro lenguaje que delata entrega a ese rapto de la atenci\u00f3n, es una corroboraci\u00f3n fehaciente de los alcances de la m\u00fasica. En todo caso, es lo que el poeta H\u00f6lderlin entendiera como Stimmung. Lo que podr\u00edamos definir como la atm\u00f3sfera que sentimos y respiramos en un concierto, el clima de un paisaje interior que, en la conjunci\u00f3n de instrumentos e int\u00e9rpretes -algo m\u00e1s que sonar bien- emana cual la afirmaci\u00f3n de la m\u00fasica.<\/p>\n<p>Algo de eso se pudo experimentar en la presentaci\u00f3n de la Georgian Sinfonietta el pasado mi\u00e9rcoles 20 en el Teatro San Mart\u00edn. Fundada en el 2008, esta orquesta de c\u00e1mara expandida del Estado de Tbilisi, con excelentes m\u00fasicos y ejecuciones variadas, se caracteriza por proponer interpretaciones que van desde la m\u00fasica barroca a la del siglo XX, teniendo como objetivo principal, resaltar en sus programas la identidad cultural de los compositores, perfilar el matiz sonoro que aportan y hacer gala de la particularidad interpretativa con la que se los actualiza. Justamente actualizar la m\u00fasica es darle a quien escucha una m\u00ednima idea de la vejez ante la que se enfrenta. \u00bfCu\u00e1ntos Vivaldi o Corelli pueden hoy en d\u00eda escucharse? \u00bfCu\u00e1nto de la irreverencia juvenil de Mozart es bien traducido por directores seniles que lo aplastan todo? No es el caso de esta agrupaci\u00f3n que, a cada salida al escenario, deja en claro que tanto la tradici\u00f3n como lo contempor\u00e1neo se pueden escuchar en sus presentaciones. Bajo la direcci\u00f3n de Nurhan Arman, quien naci\u00f3 en Estambul, de padres armenios, quien se form\u00f3 en Estados Unidos y que pareciera haber impreso su propia historia de vida al sonido de sus actuaciones, la Georgian Sinfonietta es una agrupaci\u00f3n que sabe entregar repertorio y excelencia gracias a su conducci\u00f3n.<\/p>\n<p>El programa abri\u00f3 con la \u201cSinfon\u00eda en Sol mayor\u201d de Vivaldi. Plasmaba bajo el registro del bajo continuo y la variaci\u00f3n del divertimento, lo alegre y lo en\u00e9rgico que en ella puede encontrarse -propio del compositor italiano- se pudo apreciar en la cl\u00e1sica estructura de primer y \u00faltimo movimiento, a los que el segundo interrumpe con su cl\u00e1sico uso del pizzicato para logra eso gentil y reflexivo que Vivaldi brinda en su periodo veneciano. A continuaci\u00f3n, la \u201cSerenata para cuerdas en Mi menor, Op. 20\u201d de Edward Elgar se escuch\u00f3 tambi\u00e9n en una ejecuci\u00f3n impecable. Sobre todo, en el famoso Larghetto, acaso el momento m\u00e1s ingl\u00e9s de esta pieza temprana de un compositor que siempre maneja un registro entre meditativo, \u00edntimo y de ensue\u00f1o, sin perder, por supuesto, una elegancia altiva que en este caso lo aleja de los lugares comunes a los que la m\u00fasica como ilustraci\u00f3n puede reducir cualquier genio -s\u00ed, nos referimos a \u201cPompa y circunstancia\u201d. Los momentos m\u00e1s destacados estuvieron tal vez en los finales del primer y segundo bloque que el intermedio separa. Nos referimos al estreno para Argentina de la \u201cSinfon\u00eda de C\u00e1mara No. 3\u201d, de Sulkhan Nasidze y la \u201cSinfon\u00eda de C\u00e1mara en Do menor, Op. 110a\u201d de Dmitri Shostakovich. Nasidze, que naci\u00f3 en 1927 y muri\u00f3 en 1996, fue un destacado compositor, pianista, profesor y figura p\u00fablica georgiana. Se lo conoce como uno de los representantes m\u00e1s prominentes y brillantes de la escuela georgiana de composici\u00f3n. Esta tercera sinfon\u00eda fue compuesta en 1969 y est\u00e1 hecha de una sonoridad ciertamente inquietante, la que apela a la tensi\u00f3n arm\u00f3nica, que puede ir de lo folcl\u00f3rico a lo l\u00edrico, arco propio de registros neocl\u00e1sicos, y, tambi\u00e9n, que puede ascender en una expansi\u00f3n de oscuridad donde, capas contrapuestas de un sonido hipn\u00f3tico, se alternan entre lo propiamente enigm\u00e1tico y trazas de un tinte expresionista. Shostakovich fue sin embargo el punto m\u00e1s alto, primero que nada, por la elecci\u00f3n para cierre de un concierto, como si el director no quisiera concederle respiro al p\u00fablico, que debe predisponerse para la pieza talvez m\u00e1s personal y sentida del compositor ruso. Y, en segundo lugar, porque su famosa dedicatoria \u201ca las v\u00edctimas del fascismo y la guerra\u201d, hace de esta sinfon\u00eda de c\u00e1mara una suerte de tel\u00f3n sonoro para la estupidez actual del mundo.<\/p>\n<p>Una despedida con color local fue acaso el momento mas bajo de la presentaci\u00f3n. Si bien la m\u00fasica es ese lenguaje universal que no sabe de fronteras -s\u00ed, repetirlo ya suena a lugar com\u00fan- hay piezas que, como un laberinto sonoro, son para los m\u00fasicos -a\u00fan los m\u00e1s experimentados- la posibilidad de extraviarse. El Piazzola de \u201cMilonga triste\u201d son\u00f3 lento y extra\u00f1o, casi cinematogr\u00e1fico. Ciertamente un destino pat\u00e9tico para esta pieza. Es decir, son\u00f3 confundiendo la Stimmung piazzoliana, que ciertamente es triste, con una expansi\u00f3n sonora de cuerdas que, no siempre en el autor de \u201cAdi\u00f3s Nonino\u201d es sin\u00f3nimo de languidez o decaimiento. Acaso ah\u00ed la m\u00fasica tuviera la edad propia de la confusi\u00f3n adolescente y lo que ni con la mayor\u00eda de edad se llega a comprender.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Existe la vejez de la m\u00fasica, pero extra\u00f1amente no se refiere a su edad. La m\u00fasica no tiene edad. En todo caso, esa vejez es un modo de nombrar la experiencia de la m\u00fasica, la atenci\u00f3n que nos demanda. Que la m\u00fasica no tenga edad significa tambi\u00e9n que, al margen de esa vejez, aspira a su juventud, a la embriaguez que seg\u00fan Nietzsche, siempre nos promete. Ocurre que es la inquietud de la m\u00fasica lo que siempre importa, su lugar por afuera de todo lugar, eso que acaso sea la sorpresa de reiterarse siempre envejecida y, al mismo tiempo, balbuceando la primera infancia de una promesa de asombro. Por ejemplo, Brahms jam\u00e1s dejar\u00e1 de ser el oto\u00f1o de la m\u00fasica, no hay otra forma de escucharlo. \u00bfQu\u00e9 edad darle a Brahms? 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