La virgen de la Tosquera: lo terrorífico de la adolescencia femenina
Argentina, año 2001. La telefonía celular era un lujo que solo pocos se podían permitir, y la forma más usual para comunicarse era el teléfono fijo. Aunque, para los adolescentes que preferían conversar en privado, sin tener a un familiar escuchando al lado, la opción más viable era pagar una hora en el ciber y usar algún chat público. La crisis era palpable. Las ventas se desplomaron en los comercios de barrio y la clase media se instalaba todas las noches frente al televisor, esperando la llamada de Susana Giménez para responder una pregunta de trivia y ganar miles de pesos. Los ventiladores luchaban por hacerle frente a los calores y, con lo habituales que eran los cortes de luz, la única forma de refrescarse era meterse a la pelopincho de lona que estaba armada en el patio. La violencia también era moneda corriente, como una suerte de efecto colateral de la inestabilidad política y económica. Justo cuando pensamos que el contexto no podría ser más sofocante, Laura Casabé agrega otros condimentos: la furia adolescente se fusiona con el terror social en una historia que no escatima crudeza ni sangre.
Con actuaciones destacables, La virgen de la Tosquera tiene como protagonista a Natalia (Dolores Oliverio), quien junto a sus amigas, Josefina (Isabel Bracamonte) y Mariela (Candela Flores), comparte un deseo ferviente por Diego (Agustín Sosa). Sin embargo, las tensiones afloran cuando Silvia (Fernanda Echevarría), una chica unos años mayor que ellas, capta la atención del joven. En la necesidad de “debutar” sexualmente, Natalia hará lo que sea con tal de recuperar lo que le fue arrebatado, incluso si eso implica recurrir a prácticas de brujería.
La historia parte de los cuentos de Mariana Enríquez, La virgen de la Tosquera y El carrito, compilados en el libro Los peligros de fumar en la cama, publicado en 2009 y reeditado 10 años después. La escritora se inscribe dentro de lo que los académicos llaman la Nueva Narrativa Argentina, un grupo de autoras y autores nacidos alrededor de 1970, que transitaron condiciones de formación muy similares. Sus historias están atravesadas por los traumas del pasado dictatorial, la figura de los desaparecidos y el interés por temáticas feministas o por personajes históricamente excluidos. La mirada crítica de Enríquez le permitió encontrar el terror en lo cotidiano, distanciándose del típico estilo estadounidense. Desde lo cinematográfico, Casabé replica fielmente aquellos aspectos del terror social. El miedo no surge de los sobresaltos, sino de los celos, las hormonas desreguladas y la violencia, que se acumulan silenciosamente y construyen una atmósfera incómoda, como una olla a presión a punto de estallar.
Desde el primer momento, La virgen de la Tosquera nos advierte de lo que vamos a presenciar. Un hombre borracho llega al barrio empujando un carrito lleno de comida, objetos sucios y vaya uno a saber qué más. Mientras los vecinos lo echan agresivamente, culpándolo de haber traído un mal, Natalia comienza a idear sus planes para deshacerse de Silvia. El carrito aparece a la vez como una representación de la violencia que empieza a colmar el conurbano bonaerense y como una materialización de eso que estaba naciendo en el interior de la protagonista: algo que cada día parece pudrirse más y cuyo hedor va alcanzando a todo aquel que la rodea, hasta que termina ardiendo en llamas. La conexión entre los dos cuentos de Enríquez, tan disímiles entre sí, pareciera ser sólida; no obstante, la historia alrededor del carrito acaba diluyéndose rápidamente para dar lugar a las tensiones entre Natalia, Silvia y Diego. Al final, la película se sumerge de cabeza en el famoso female rage, al estilo Carrie (1976) o Diabólica Tentación (2009). Lejos de la delicadeza con la que estereotípicamente se suele caracterizar a las mujeres, Natalia es una chica furiosa y sedienta de venganza. A través de macumbas con sangre menstrual, nombres congelados en el freezer y un conjuro desesperado, La virgen de la Tosquera demuestra que la experiencia femenina —y aún más, adolescente— está lejos de ser pura calma.
El filme de Laura Casabé tuvo su estreno en el Festival de Sundance de 2025 como la única película iberoamericana en la competencia internacional. También obtuvo el Gran Premio de Competencia Oficial Argentina en la edición número 26 del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI).
La virgen de la Tosquera está disponible en cines.