Provinciales

Leer para reunir: acto de presentación de «Historias de Bibliotecas» con texto colectivo

El próximo jueves 4 de junio a las 18 se realizará en el Centro Cultural de la UNC, ubicado en Obispo Trejo 314 de la ciudad de Córdoba, la presentación del libro Historias de Bibliotecas, una publicación de Emporio Ediciones compilada por Mario Bomheker.

La obra reúne textos de reconocidos autores y autoras como María Teresa Andruetto, Luisa Valenzuela, Mónica Ambort, Gabriel Ábalos, Elena Bossi, Pablo Carrizo, Candelaria de Olmos, Susana Romano, Carolina Rossi, Nelson Specchia, entre otros, quienes aportan distintas miradas y experiencias vinculadas al universo de las bibliotecas.

La presentación contará con palabras a cargo de Graciela Ferrero y del propio Mario Bomheker, además de la lectura de un texto colectivo por parte de los autores participantes.

El encuentro propone un recorrido por historias, memorias y reflexiones que ponen en valor el papel de las bibliotecas como espacios de encuentro, formación y construcción cultural.

Silvia Barei escribió sobre este libro:

Voces constantes.

Frente a una antología que me regaló hace poquito un grupo de escritores yo me preguntaba: ¿Qué son la palabra, la escritura, los lectores, un libro, una antología?

Y me contestaba: un punto en común, una zona de abrazo, un espacio compartido, un lugar de reunión.

La misma pregunta cabe ahora frente a esta nueva e inusual antología que tengo entre manos y de la que soy arte y parte. 23 escritores fuimos convocados por Mario Bomheker bajo una consigna: Hablemos de nuestras bibliotecas.

En el “Prólogo” el mismo Mario cuenta lo que se le ocurrió viendo una tela de araña que colgaba de su biblioteca:

“Esa tela, leve y persistente, me hizo pensar en muchas cosas: en lo que significa para mí esta biblioteca que me acompaña hace tantos años, en los libros que la habitan y en las capas (no solo de polvo) que el tiempo va dejando sobre ellos. Y también que, al igual que en la vieja leyenda, la biblioteca ha sido un cálido refugio en aquellos momentos de mi vida en que más vulnerable me he sentido. Me propuse escribir sobre eso. Al cabo resultó un texto con el que no supe muy bien qué hacer.”

Y pues, como no supo qué hacer se le ocurrió invitar a distintos escritores que habrán sido primero 5 o 6, luego 10 o 12 y finalmente, 23. Y esos 23, de distintas partes del país, entusiasmados y agradecidos por el convite, nos pusimos a pensar, a recordar, a escribir historias, memorias trasnochadas y no tanto, anécdotas que relatan cómo se ha ido construyendo nuestra relación personal con una biblioteca que es la nuestra pero también la de padres y madres (que al igual que la pareja pueden estar juntas o separadas), o de abuelos lectores y abuelas analfabetas, la de la escuela y su bibliotecario de cara severa, la biblioteca popular del pueblo o de un centro cultural, la que trasladamos de mudanza en mudanza, la que escondimos, la vencida por el peso de los libros, la de extraña forma giratoria, las bibliotecas colgantes, las empotradas o alojadas aleatoriamente en distintos muebles y lugares (las hay en la cocina, en el baño, en la galería y en la piecita del fondo), la que se ha engrosado o reducido con los años “para aligerar el equipaje” (Mónica Ambort). También la biblioteca oral de la “nonna Santina” (Elena Bossi), o de la abuela Lela (Carolina Rossi), las bibliotecas circulantes, las populares, las de centros de investigación, aquellas que ocultaron libros forrados o disfrazados de otra cosa, las que llenaron un cajón de frutas, las que guardan las colecciones de historietas y cuentos infantiles, “libros de náufragos, emperatrices y mujercitas” (Cande de Olmos), esos que leíamos de chicos y hasta la biblioteca imaginaria que nunca tuvimos. También una que, como la de Nelson Specchia, pasó de 3 libros a 3333, número cabalístico y perfecto para pensar en una donación. Y claro, también están las nuevas bibliotecas “impalpables y digitalizadas”, al decir de Gabriel Ábalos, y que almacenan por miles libros “que no pesan nada” (Miguel Campercholi).

Hay bibliotecas que salen a la vereda, que viajan en tren, que van de un país al otro, que suben a un barco, que pasean por el jardín, que están enterradas para que no las encuentren los asesinos y que son “un llamado a la memoria del horror, a la importancia de todas las memorias” (Tere Andruetto). Y las hay quemadas en todos los tiempos y a lo largo de la historia y del mundo. Y por qué no, hay también bibliotecas sin libros, que dejan “espacios vacíos para los que en el futuro vendrán.” (Mario Polakov)

Y además de los libros —elegidos, comprados, regalados, perdidos, prestados, robados, subrayados, atesorados, dedicados y hasta olvidados—, nuestras bibliotecas suelen estar en convivencia armónica con fotografías, adornitos diferentes, algún viejo CD que se ha mezclado, una latita con lápices, gomas y lapiceras, cuadros pequeños, una tarjeta postal venida de otros tiempos, anteojos que ya no usamos, una bolsita con remedios, dos o tres pinturas de uñas, una cajita con monedas y ese juego de llaves que no se sabe qué descuido ha dejado allí y que hemos buscado por toda la casa.

Las bibliotecas tienen una lengua común, anudan memorias y emociones, nos abrazan: “Estoy arropada por los libros que expresan con el solo estar acá su enorme solidaridad, su poder de empatía e integración conmigo” (Luisa Valenzuela); nos miran, tienen oídos, cuerpo y voz, llaman a nuestra mano o a la curiosidad de un niño que manotea un libro como quien toma un juguete; y también pueden estar habitadas por el silencio: “Quién no escucha el temblor que sostiene un libro en su silencio?” nos interroga poéticamente Pablo Carrizo.

Todas van trazando “una autobiografía personal” (Foffani); constituyen “el camino que hizo cada uno para la construcción de su propia identidad, para la construcción de sí mismo” (Livia Hidalgo); destilan olor a papel, a aceites esenciales, a moho y a vainilla. Convocan a nuestro tacto con texturas suaves, lisas, rugosas, granuladas, ásperas y también desafían nuestros oídos con sonidos graves, intensos, agudos o apenas audibles: “Mi biblioteca, dispersa y entusiasta, vive poblada de sonidos” dice Homero Bilbao.

Esta antología es más que una idea feliz de alguien que, mirando una tela de araña, pensó en las múltiples tramas de nuestros paisajes diarios, nuestros libros, nuestras bibliotecas, nuestros cerebros y hasta nuestros desamparos comunes en tiempos como éstos.

Cabe preguntarse si esta trama, esta red de palabras, este lugar común de reunión, estos vínculos amorosos y solidarios podrán algún día conjurar el espanto de un soldado mercenario dispuesto a matar niños y niñas que están aprendiendo a leer con su maestra en una escuelita, con una biblioteca chiquita, un patio para jugar y un perrito callejero que es de todos. Me pregunto si acaso podrán escenas deseables que “subrayan momentos de brumas cansinas/ Son ingentes recuerdos de voces constantes//Honradas mil veces en tantas escalas:/ Ni infieles ni extrañas las torres de libros/ Que esperan lugar y momento adecuado” (Susana Romano-Sued).

Datos sobre la autora del texto:

Silvia Barei es doctora en Letras Modernas, ensayista, poeta e investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba. Desarrolló una extensa trayectoria académica como docente de grado y posgrado en la Facultad de Lenguas de la UNC y en otras universidades nacionales y latinoamericanas.

Fue decana de la Facultad de Lenguas entre 2008 y 2013 y, posteriormente, vicerrectora de la UNC. También dirigió la Escuela de Ciencias de la Información de la universidad. En el campo académico se destacó por sus trabajos en literatura, retórica, semiótica y estudios culturales, además de dirigir el Grupo de Estudios de Retórica (GER).

A lo largo de su carrera recibió diversas distinciones, entre ellas el Primer Premio Ensayo del Fondo Nacional de las Artes y reconocimientos a su trayectoria académica y cultural. Además de su labor institucional, publicó numerosos ensayos, investigaciones y libros vinculados con la literatura, los lenguajes y la reflexión cultural.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
Cerrar
Cerrar